Nombre oficial
República Portuguesa
Gentilicio
portugueses
Capital:
Lisboa
Idioma Oficial
portugués
Población
11.317.192(est. 2010)
Presidente
Aníbal Cavaco Silva
Prefijo Internacional
00351
Zona horaria
UTC 0
Moneda
Euro
Otros grandes Centros Urbanos
Oporto, Amadora, Braga, Setúbal, Coimbra y Queluz
Superficie
92.391 Km2
Geografía y clima
clima templado influido por la humedad y vientos procedentes de las grandes masas oceánicas
Economía
economía capitalista con poca interferencia del estado
Qué ropa usar
algo de abrigo en período invernal
Tips
Fechas nacionales: 25 de abril, 1 de mayo, 10 de junio y 1 de diciembre
Sitios imprescindibles
Lisboa - Oporto - Sintra - Evora - Lagos


 
 
HISTORIA
República Portuguesa :
PORTUGAL: GUERRAS Y CLAVELES FRENTE AL MAR
República Portuguesa  - HISTORIA

“¡Oh, mar salada, cuánta de tu sal/ son lágrimas de Portugal!/ ¡Por cruzarte, cuántas madres lloraron/ cuántos hijos en vano rezaron!/ ¡Cuántas novias quedaron por casar/ para que fueses nuestra, oh mar! ¿Valió la pena? Todo vale la pena/ si el alma no es pequeña/ Quien quiere pasar allende el Bojador/ tiene que pasar allende el dolor./ Dios al mar el peligro y el abismo dio,/ mas fue en el donde el cielo se miró.” Fernando Pessoa, Mar portugués.

DE LAS INVASIONES A LA RECONQUISTA

En el siglo III AC, los colonizadores griegos y fenicios que llegaron a Portugal entraron en contacto con los habitantes celtas, lusitanos, tartessianos, coinos y de otras culturas menores. En los años posteriores, los cartagineses invadieron y sometieron este territorio. En el año 206 AC, tras su derrota en la Segunda Guerra Punica, los cartagineses debieron cederle el dominio de Portugal a los romanos, que lo integraron a la gran provincia que abarcaba toda la península ibérica. Pese a la belicosidad de las tribus lusitanas, un acuerdo de paz firmado en 179 AC trajo la paz a la región. A partir del año 138 AC, el líder lusitano Viriato intentaría sin éxito expulsar a los invasores. La enconada resistencia lusitana llevaría a la fortificación de Lisboa, sede del poder romano en la región portuguesa, y a una campaña militar que terminó con los últimos focos rebeldes hacia el año 60 AC.

Cuando el imperio romano se cristianizó, los pueblos paganos portugueses fueron forzados a la conversión católica.

En el 409 Portugal fue invadida por los bárbaros, vándalos, alanos y suevos. La posterior llegada de los visigodos no terminó con la presencia de los pueblos bárbaros, que se establecieron en las zonas ocupadas tras pactar una tregua con los visigodos. A partir del año 585, los godos anexaron los territorios suevos del sur portugués y fortalecieron su dominio sobre toda la península.

En el año 711 en Portugal se inicia la invasión de los ejércitos musulmanes, provenientes del norte de África, llegados a través del estrecho de Gibraltar. Durante los siglos que duró su conquista los musulmanes introdujeron su cultura, su arquitectura y sus técnicas de producción, como el caso de la agricultura. La ocupación promovió la formación de pequeños feudos locales para resistir la ocupación islámica, reinos cristianos que serían indispensables para la llamada “Reconquista”.

El territorio del actual Portugal septentrional fue recuperado en el año 997 por Bermudo II, rey de León. A comienzos del siglo siguiente Fernando I, rey de Castilla y León continúa la reconquista hasta la zona de Coimbra, ayudado por Enrique de Borgoña, que pasó a ser entonces conde de Portugal, quien años más tarde reclamaría la independencia respecto de Castilla.

 

 

LAS GUERRAS CON ESPAÑA

Llegado el momento de la expulsión definitiva de los musulmanes de la península ibérica, Portugal ya era un reino independiente separado de su antiguo vasallaje al reino de León.

En 1385, un ejército lusitano venció a sus adversarios de Castilla y consolidó su autonomía. En adelante llevaría adelante un proceso de expansión colonial y de exploración de rutas hacia medio oriente que le dieron mayor peso económico y dominios en ultramar.

Las primeras colonias en la costa del continente africano se sumaron al descubrimiento en 1499 de los territorios de Brasil por parte del capitán Pedro Álvarez Cabral; alrededor del mismo año Vasco da Gama realizó el primer viaje a la India, que generó un sistema de comercio muy lucrativo de especias y objetos de lujo. Más tarde, sumaría colonias en el África sudoriental y numerosos asentamientos en las costas de Asía y en Oceanía.

Gracias a la riqueza proveniente de sus colonias y del comercio con otras naciones, Portugal se convirtió en una potencia militar y económica.

Juan III promovió el asentamiento en Brasil e introdujo la Inquisición en Portugal, a mediados de la década de 1530, lo que potenció las persecuciones en busca de la obediencia religiosa.

Entre 1580 y 1640, el casamiento entre los herederos de las coronas española y lusitana fundió a ambos reinos en una misma entidad, dando lugar al imperio más poderoso del momento. Durante esa época, del mismo modo que sucedía en España, se expulsó a todos los judíos y musulmanes del territorio, lo que ocasionó a virtual desaparición de la clase media.

Al quedar anexado a la Monarquía española, Portugal debió sostener enconómicamente parte de los gastos generados por las guerras de España en Europa, pero la apertura de territorios coloniales compensaron con ganancias importantes para los burgueses y nobles de Portugal.

La sublevación del rey Juan IV (1640-1656), que se proclamó rey portugués y anunció la autonomía de su corona, inició una guerra entre ambos países que finalizó con la separación definitiva de Portugal.

 

DE LA ILUSTRACIÓN AL FIN DE LA MONARQUÍA

Durante el siglo XVIII Portugal recuperó una parte de su poderío económico perdido por las constantes guerras con España en el siglo anterior, gracias al descubrimiento de oro y diamantes en Brasil. Durante la primera mitad del siglo, el comercio portugués estuvo dominado por los británicos, erigidos como principal potencia marítima, lo cual trajo aparejada cierta dependencia política respecto de Gran Bretaña.

Durante la segunda mitad del siglo XVII tuvo gran trascendencia la figura del marqués de Pombal, ministro de José I, gran impulsor de la Ilustración portuguesa, considerado uno de los más grandes estadistas de la historia de este país. Pombal y José I, aún de forma despótica, consiguieron disminuir radicalmente el poder y la influencia de la Iglesia y la nobleza, e incentivaron el desarrollo de la educación y la industria.

En noviembre de 1807 las tropas del general francés Napoleón Bonaparte invadieron Portugal. La corte lusitana huyó a Brasil en donde fundaron el imperio de Portugal, Brasil y Algarve. En 1820, la resistencia de los republicanos de Portugal logró expulsar a las tropas napoleónicas. El rey de Portugal, Juan VI, regresó en 1821 a su tierra, pero debió ceder ante la presión de los grupos liberales que le exigían la formación de una monarquía parlamentaria. En Brasil, había quedado como regente el heredero Pedro IV junto a una parte de la corte lusitana. Cuando Juan VI le ordenó a su hijo que regresara a Portugal, éste se negó en complicidad con los liberales brasileños y proclamó el nacimiento del Imperio del Brasil, una nueva nación independizada del reino europeo.

La pérdida de Brasil y sus riquezas inició un largo periodo de decadencia económica en Portugal. Aunque aun poseía las colonias africanas y asiáticas, los recursos que generaban no eran suficientes para sostener el antiguo prestigio mundial de Portugal. Este proceso de crisis permanente condujo al crecimiento de las ideas liberales y en 1910 se declaró el fin del sistema monárquico y el nacimiento de la Republica de Portugal.

 

DE LA DICTADURA A LA REVOLUCIÓN DE LOS CLAVELES

En los años siguientes, la disputa entre los liberales que pretendían modernizar el país y los nacionalistas que llamaban a reconstruir la potencia portuguesa signaron el escenario político del país. Estas tensiones condujeron al golpe de estado de 1926, que fue seguido por una rígida dictadura liderada por el economista Antonio Olivera Salazar ocupando diversos cargos.

Los militares de derecha denominaron a este proceso autoritario y corporativista como el “Nuevo Estado”. El dictador se mantuvo en el poder por 40 años, durante los cuales Portugal debió enfrentar una feroz represión en el ámbito interno: los políticos opositores fueron perseguidos y encarcelados o enviados al exilio, y los sindicatos de trabajadores fueron reemplazados por organizaciones corporativas que emulaban a las de la Italia de Mussolini. Durante estos años Portugal se mantuvo neutral en la Segunda Guerra Mundial y frente a la guerra civil española. A este escenario hay que sumar la lucha contra las guerrillas independentistas en las colonias de Guinea Bissau, Timor Oriental, Cabo Verde, Mozambique y Angola. Además, privado de los ejércitos de antaño, observó con impotencia como la India lo despojaba de su colonia en Goa. En 1968 Olivera Salazar fue derrocado y el poder pasó a manos de una junta de militares.

El costo de las guerras coloniales y el descontento ante décadas de represión política provocó que un grupo de militares de izquierda se rebelara el 25 de abril de 1974. El golpe de estado conocido como La Revolución de los Claveles facilitó la independencia de las colonias y el fin del periodo antimodernista en el que se había sumido la sociedad portuguesa. Miles de presos políticos fueron liberados y se fue levantando la red de prohibiciones morales y limitaciones para el ejercicio de las libertades individuales.

A nivel económico, la Revolución de los Claveles dispuso una serie de reformas agrarias que modernizaron la producción de ese sector, entre otras cosas eliminando los latifundios.

Las discrepancias internas entre sectores de izquierda divergentes hicieron que la Revolución de los claveles dure apenas dos años.

 

EL PERÍODO DEMOCRÁTICO

En 1976 se realizaron elecciones libres en las que resultó ganador el Partido Socialista, encabezado por Mario Soares, lo cual constituyó el primer gobierno democrático del siglo. Este gobierno accedió con un gran respaldo popular pero rápidamente comenzó a desgastarse, por el ajuste con que se intentó frenar las crisis económica sumado a una activa participación opositara de partidos y sindicatos.

La década de 1980 estuvo marcada por la progresiva transición hacia la integración europea de Portugal, que se incorporó a la OTAN y a la comunidad europea en 1986. Simultáneamente, a nivel interno, se aprobó una nueva Constitución que eliminaba todos los puntos sostenidos por los sucesivos gobiernos de facto. El Partido Social Demócrata (PSD, de centroderecha, antiguo aliado del Partido Socialista) gabó las elecciones ese mismo año. A través del fuerte impulso electoral que le dio además mayoría en el Parlamento, el PSD encaró un rápido viraje económico hacia el liberalismo, lo cual produjo un incipiente crecimiento de la economía pero causó malestar entre los trabajadores públicos.

Los sindicatos se opusieron a las privatizaciones de las empresas públicas, y a la supresión de leyes laborales de la década anterior. Se dieron numerosas manifestaciones, e incluso huelgas que paralizaron el país.

Desde mediados de la década de 1990 Portugal se vio beneficiado por los planes de ayuda a los países más pobres de la unión europea.

A fines del 2002 salió a la luz la existencia de una red de prostitución infantil ocultada por el Estado durante dos décadas; numerosos políticos, periodistas y personajes públicos en general quedaron involucrados en el escándalo.

En febrero de 2007 se realizó un referéndum sobre la posibilidad de despenalizar el aborto, que fue aprobado por el 59% de los votantes. Dos meses más tarde se aprobó la ley de despenalización de abortos realizados durante las primeras diez semanas de gestación, solicitados por la embarazada y en clínicas autorizadas.

 

Portugal: guerras y claveles frente al mar”