Nombre oficial
República de Polonia
Gentilicio
polacos
Capital:
Varsovia
Idioma Oficial
Polaco
Población
38.463.689 (est. 2010)
Presidente
Bronislaw Komorowski
Prefijo Internacional
0048
Zona horaria
UTC + 1
Moneda
Zloty
Otros grandes Centros Urbanos
Lodz, krakow, Wroclaw, Poznan, Gdansk, Szezecin, Bydgoszcz y Lublin
Superficie
312.685 Km2
Geografía y clima
un clima continental húmedo con inviernos muy fríos y veranos templados
Economía
Polonia ha completado la transición dese una economía socialista hasta un sistema de libre mercado
Qué ropa usar
mucho abrigo en período invernal
Tips
0048
Sitios imprescindibles
Varsovia - Auschwitz / Birkenau - Cracovia - Torun


 
 
HISTORIA
República de Polonia:
POLONIA: VIVIR EN EL CENTRO
República de Polonia - HISTORIA

No es fácil vivir en el centro: tanto la historia como la cultura de Polonia pueden comprobarlo. Construida por la influencia de una gran cantidad de pueblos que la rodean, y también invadida y destruida por sus vecinos, Polonia supo ser una potencia y debió padecer épocas oscuras. La mayor constante de su Historia es la férrea voluntad de resistir y reconstruirse: un país gobernado desde siempre por su fe en la Iglesia Católica se enorgullece siglo a siglo de su capacidad de resurrección.

DE LOS POLANOS A LA POTENCIA EUROPEA

Los yacimientos de Krzemionki Opatowskie indican que los primeros pobladores de Polonia habitaron la zona hace unos 5.500 años. El asentamiento de eslavos en siglos posteriores permitió el desarrollo del comercio y el crecimiento de las primeras ciudades. En el siglo VI, las invasiones de los pueblos bárbaros provenientes del norte modificaron la estructura étnica de la zona. Entre los pueblos que arribaron en este período estaban los Polanos, que le darían su nombre al estado polaco.

En los siglos siguientes, la estructuración del territorio en feudos permitió la integración territorial bajo el predominio de los polanos y vilanos. En el año 960, el papado apoyó la designación de Mieszko I de la Casa Piast como rey de Polonia. La cristianización de los polacos ayudó a fusionar lo que hasta ese momento era una suma de comarcas independientes. Fue también en ese periodo que Polonia enfrentó las incursiones de los tártaros provenientes del este y de los caballeros teutones alemanes.

En 1385, el reino polaco se unió a la Mancomunidad con los lituanos. Esta alianza fue crucial para derrotar definitivamente a los caballeros teutones en la batalla de Grunwald y fundar una potencia militar y económica de enorme peso en Europa. La Mancomunidad poseía tierras desde el Báltico al Mar Negro, incluyendo grandes territorios como Ucrania, Bielorusia y una parte de Rusia.

Polonia atravesó en los tres siglos siguientes una etapa de esplendor y desarrollo económico y cultural. Pero además fue un régimen de gran tolerancia religiosa, que recibió a una enorme cantidad de judíos, musulmanes y protestantes perseguidos en otros países de Europa. Los ejércitos polacos triunfaron en sucesivas guerras contra los reinos de Suecia y Rusia, e incluso llegaron a ocupar Moscú entre el 27 de septiembre de 1610 y el 4 de noviembre de 1612.

Pero el ataque de los cosacos, los turcos y suecos llevó a Polonia a perder sus territorios del este y a enfrentar la invasión sueca en 1655, que ocupó y saqueó su territorio coligado con fuerzas rusas, transilvanas y brandenburguesas.

 

DESINTEGRACIÓN, OCUPACIONES, INDEPENDENCIA Y MÁS CONFLICTOS BÉLICOS

Ya en la segunda mitad del siglo XVII, Polonia se alió con el Sacro Imperio Romano Germánico para frenar al Imperio Otomano y la expansión musulmana hacia Europa del norte. Pero las disputas internas entre los nobles polacos llevaron a la disgregación del reino en una multitud de feudos pequeños y sin cohesión. La antigua Mancomunidad fue reemplazada por la interferencia de las potencias vecinas en apoyo de los diferentes feudos polacos. Para el siglo XVIII, el territorio polaco había sido repartido entre Prusia, Rusia y Austria. En el siglo XIX, Alemania y Austria expulsaron a los rusos de Polonia y se anexaron el territorio que controlaba esta potencia. Mientras tanto, los movimientos independentistas polacos intentaron rebelarse contra los ocupantes, pero fueron invariablemente derrotados.

Al iniciarse la Primera Guerra Mundial, Polonia fue escenario de las batallas entre las potencias centrales y Rusia. El fin de la guerra condujo a la firma del Armisticio de Compiegne, que el 11 de noviembre de 1918 reconoció la independencia de Polonia. El nuevo gobierno, bajo el liderazgo del presidente Jozef Pilsudski, inició la reconstrucción del estado polaco tras siglos de dominación extranjera. Además, tuvo que conjurar los intentos de las regiones de población ucraniana como Galitzia, Rutenia y Bukovina de formar una república separada.

El criterio cuestionable con que se habían fijado las fronteras polacas fue el origen de nuevos problemas en los años siguientes. En 1919, se desató un conflicto armado con Checoslovaquia por diferencias fronterizas y al año siguiente estalló la guerra con Lituania por motivos similares. En 1920, Polonia entró en guerra con Rusia por la posesión de territorios en la frontera común y las fuerzas soviéticas estuvieron a punto de tomar Varsovia. Un contraataque polaco el 16 de agosto echó a los soviéticos a sus fronteras originales.

Pero el conflicto más importante vendría por la decisión de las potencias vencedoras de la Primera Guerra mundial de entregarle una salida al mar Báltico a Polonia a expensas de los alemanes. Es así que Alemania debió ceder un corredor territorial a Polonia, que dejó bajo tutela polaca a la región de Danzig poblada por germanos.

 

SEGUNDA GUERRA MUNDIAL: ENTRE NAZIS Y SOVIÉTICOS

Si bien la Alemania nazi había firmado un pacto de no agresión con Polonia en 1934, ello no fue obstáculo para que el 1 de septiembre de las tropas nazis invadieran territorio polaco invocando la defensa de sus ciudadanos en Danzig. Al mismo tiempo, tropas soviéticas ocuparon el oriente del país. Se trató de invasiones brutales frente a las cuales poco pudieron hacer las tropas polacas, inferiores en número y armadas con equipos anticuados. La caballería polaca poco podía hacer contra los blindados nazis y soviéticos, que además superaban a sus adversarios en una proporción de tres a uno. En cuestión de días Polonia fue ocupada a sangre y fuego. Varsovia cayó tras diez días de asedio, durante los cuales la artillería y los aviones alemanes destruyeron gran parte de la ciudad. Los polacos que huyeron formaron un gobierno en el exilio en la ciudad de Londres.

Cientos de miles de oficiales y soldados polacos fueron alojados en campos de concentración, e incluso asesinados en masa, como sucedió en la primavera de 1940 en la masacre de Katyn, cuando entre 15.000 y 22.000 militares polacos fueron fusilados por los soviéticos.

La ocupación alemana dio inicio al genocidio de los judíos polacos. Tropas alemanas, arrancaron a tres millones de hombres, mujeres y niños judíos de sus viviendas y los llevaron a los campos de exterminio, en donde el 90% fueron asesinados. Un grupo quedó aislado en el gueto de Varsovia, en donde serían progresivamente eliminados por el hambre y los ataques militares. Al menos un millón de soldados y civiles polacos no judíos moriría en los campos de concentración nazis o víctimas de la brutalidad de los gulags soviéticos. Muchos polacos lograron huir a los países aliados y enrolarse en un ejército polaco libre que se formó bajo el comando del gobierno en Londres. Otros, pasarían a formar las fuerzas de resistencia que durante años lucharon contra las tropas ocupantes.

 

LA RESISTENCIA Y LA CATÁSTROFE

El 18 de enero de 1943, los 55.000 judíos que aun quedaban en el gueto de Varsovia se rebelaron contra los nazis ante la noticia de la deportación final ordenada por el comandante de las SS, Heinrich Himmler. Armados con algunas pistolas, cócteles molotov y armas blancas, los judíos resistieron hasta el 19 de abril. Pero la superioridad de las tropas nazis y la orden de incendiar el gueto para obligarlos a rendirse, llevó a la derrota de los judíos. Siete mil habitantes del gueto murieron en los combates. Otros ocho mil en las ejecuciones que siguieron a la rendición. El resto, fue exterminado en el campo de concentración de Treblinka.

En agosto de 1944 las tropas soviéticas se acercaron a Varsovia. La resistencia polaca interpretó que era el momento adecuado para lanzar una rebelión y expulsar a los nazis antes que lo hicieran los soviéticos. Si bien la insurrección logró controlar la mayor parte de la ciudad, los nazis reaccionaron dando inicio al sitio de Varsovia. Para desmoralizar a los defensores, el alto mando alemán ordenó la ejecución de 40.000 habitantes de la ciudad en el barrio de Wola. Pero los polacos no cedieron y prepararon barricadas para resistir.

Los alemanes se dedicaron entonces a bombardear salvajemente a la ciudad, a punto tal que el 85% de los edificios de la ciudad quedaron reducidos a escombros. Luego, lanzaron una brutal ofensiva que coronaba cada avance con la ejecución de los prisioneros que se iban tomando. En tanto, los soviéticos fueron testigos de la masacre que se producía ante sus ojos. Alegando problemas de abastecimiento, dejaron que los nazis exterminaran a los polacos en Varsovia sin intervenir o entregarles suministros a los defensores. Para el momento en que los alemanes retomaron la capital polaca el 10 de septiembre siguiente, habían muerto 250.000 pobladores de la ciudad a causa de los bombardeos y combates. Otros 100.000 morirían en los campos de exterminio donde fueron enviados como represalia por la rebelión. Al final de la guerra, la población polaca se había reducido de 34 a 24 millones como consecuencia de las masacres, el cambio de fronteras y el exilio de muchos de sus habitantes.

 

DE LA POSGUERRA A LA ACTUALIDAD

El 17 de enero de 1945 las tropas soviéticas entraron a lo que quedaba de Varsovia. Su ejército se quedó en Polonia tras la derrota nazi para servir de “guardaespaldas” del régimen socialista que se hizo cargo del país. Los soviéticos se apoderaron también de los territorios de Ucrania occidental y manejaron a su antojo el destino de los polacos en las décadas siguientes.

En donde los soviéticos no lograron tener éxito fue en su intento de disminuir el peso de la iglesia católica en la sociedad polaca. Fue precisamente esta institución, apoyada por el Vaticano y el papa polaco Juan Pablo II, quien le presentaría la más decidida resistencia a los comunistas en la década de 1980.

Todo comenzó en agosto de 1980, cuando el sindicato Solidarność (Solidaridad) lanzó una serie de huelgas en el astillero de Gdansk. Su reclamo por cuestiones laborales no tardó en convertirse en una demanda por mayor libertad. El líder de Solidaridad, Lech Walesa, sufrió la persecución como otros dirigentes del gremio, que en su momento de auge llegó a contar con 10 millones de miembros.

Aunque el presidente polaco Wojciech Jaruzelski decretó la Ley Marcial el 13 de diciembre de 1983 y alentó el encarcelamiento de los líderes de Solidaridad, el movimiento siguió adelante con las huelgas y manifestaciones desde la clandestinidad. En 1988, el gobierno polaco admitió su derrota al llamar al dialogo a los dirigentes de Solidaridad en medio de un clima de huelgas y rebelión. La caída del Muro de Berlín en 1989 facilitó el llamado a elecciones democráticas. Lech Walesa, candidato del ahora Partido Solidaridad, fue electo presidente el 9 de diciembre de 1990.

Walesa dio por terminado el periodo comunista e inició un periodo de reformas políticas y económicas para dejar atrás el socialismo. En 1999 Polonia se integró a la OTAN y en 2004 pasó a ser un miembro pleno de la Unión Europea.

 

Polonia: vivir en el centro”