Nombre oficial
Reino de Marruecos
Gentilicio
Marroquíes
Capital:
Rabat
Idioma Oficial
árabe. Se habla también francés, español y berebere, (lengua que se divide en los dialectos tarifita, tachelhit y amazigh)
Población
31.759.000 (est. 2010)
Presidente
Abbas el Fassi
Prefijo Internacional
00212
Zona horaria
UTC + 0
Moneda
Dirham de Marruecos
Otros grandes Centros Urbanos
Casablanca, Marrakech, Meknes, Agadir y Tánger
Superficie
446.550 Km2
Geografía y clima
parte del territorio está dominado por el clima caluroso y seco
Economía
La industria textil marroquí es famosa desde hace siglos por sus productos de alta calidad.
Qué ropa usar
fresca y liviana
Tips
Fechas nacionales: 1 y 23 de mayo, 20 de julio, 14 y 20 de agosto y 18 de noviembre.
Sitios imprescindibles
Rabat - Casablanca - Marrakech - Tánger - Fez


 
 
HISTORIA
Reino de Marruecos:
MARRUECOS: LOS CONDIMENTOS DEL DESIERTO
Reino de Marruecos - HISTORIA

Marruecos es una tierra de cruces. Situada entre el Sahara, el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo, ha sido y sigue siendo un punto de encuentro (y desencuentros) comerciales, religiosos, idiomáticos y culturales. Su historia rica y cambiante se hace presente cada día: en las plazas de las grandes ciudades, con sus puestos de comidas o telares, en el medio del desierto, mientras se prepara un té en una casa de arena, los aromas y los colores cuentan en susurros una historia de desgarramientos y grandeza.

DE BEREBERES Y FENICIOS

Los primeros grupos humanos que poblaron Marruecos llegaron a la zona hacia el año 8.000 AC. Los estudios mas recientes indican que en tiempos neolíticos el territorio marroquí era menos árido y que tal circunstancia favoreció el surgimiento de la cultura agrícola capsiana, como en todo el litoral mediterráneo.
Antes de las primeras incursiones de los fenicios, el territorio actual de Marruecos era habitado por los berebere, un grupo de tribus euroasiáticas de origen incierto.
Las tres principales tribus berebere eran la de los sanja, la de los masmoda y la de los zenata. Los zenata, fundadores de la Dinastía Merinide, eran nómadas y dominaron el territorio adyacente a la actual Argelia. Los masmoda eran una tribu dedicada a la agricultura cerca de la cordillera de Atlas, y dieron lugar a la Dinastía Almohade. Los Sanja, guerreros y también nómadas, derivaron en la Dinastía Almorávide, que fundaría la ciudad de Marrakech.
Los fenicios llegaron a las tierras del norte de África en el siglo XII AC, y comenzaron a fundar sus colonias. Establecieron puestos comerciales en la costa oriental, como los famosos saladeros de pescado que todavía pueden verse en ciudades como Tánger y Rahat, y establecieron su centro en Cartago (hoy Túnez). Cabe aclarar que los fenicios eran principalmente comerciantes, no conquistadores. Una vez lograda la prosperidad de Cartago, muchos migraron a la costa marroquí para potenciar y extender sus posibilidades de producción y exportación. De esta manera Marruecos se integró al sistema comercial mediterráneo.
Desde tiempos remotos, el control sobre Marruecos permitía dominar el Paso de Hércules, nombre dado entonces al estrecho que comunica al Mediterráneo con el Océano Atlántico. Esta posición estratégica y los recursos agrícolas y ganaderos convirtieron a su territorio en objeto de la codicia de otros pueblos.
En el año 203 AC el imperio númida que gobernaba Marruecos y Argelia fue derrotado y anexado por el Imperio Romano. Para ese momento, los pobladores marroquíes eran conocidos como masaselios o mauris.
 

LA LLEGADA DEL ISLAM

A partir del siglo III numerosas comunidades bereberes se convirtieron al cristianismo. En el año 429, una invasión de los Vándalos asoló Marruecos e inició una feroz masacre contra los cristianos que habitaban la zona.
La llegada de Sidi Okba Ben Nafi en el siglo VII inició la difusión del islamismo en Marruecos. Al frente de un ejército árabe derrotó a las fuerzas bereberes e impuso el Corán en la región. Los berebere aceptaron el Corán y participaron de la expansión islámica, pero mantuvieron siempre su lengua y sus costumbres.
En el 703 los berebere apoyaron al líder omeya en la expansión del islamismo hacia el sur de España, y sectores distantes de Marruecos. Los pocos grupos de cristianos que quedaban huyeron rumbo a la península ibérica.
La dinastía Idris dominó Marruecos desde el fin del siglo VIII. Su líder, Idris Ben Abdallah, descendiente del profeta Mohamed, llegó a la zona en el año 788. Atravesó Egipto, Tánger y Volubilis. Los berebere lo proclamaron Rey y se comprometieron a seguirlo. Luego de su muerte fue coronado su hijo, de apenas 12 años: Idris II. Él fundó la ciudad de Fez, que recibiría en el año 818 a miles de familias árabes expulsadas por los cristianos españoles. Al poco tiempo, gracias a las habilidades y el conocimiento de estos inmigrantes, Fez se convirtió en el centro cultural y espiritual del Islam. Esta dinastía reinó hasta el 974, cuando fue reemplazada por los almorávides ante la muerte de Idris II.
Los almorávides eran una dinastía berebere, que por su carácter nómada desconocía los principios del cultivo. Esta dinastía impuso el Islam a los pueblos negros del Sahara; en 1060 fundó Marrakech e inició el avance sobre España, con tal éxito que gran parte del territorio español pasó a formar parte del Imperio Almorávide.
Ben Turnet inició la dinastía de los almohades, que hacia el siglo XII expandió el imperio marroquí hasta Trípoli.
 

EL AUGE Y LA CAÍDA

En este período Marruecos experimentó un auge económico y científico. El rey Yacub Yussef, conocido como Al Mansur, fundó Rabat y la protegió con poderosos fortines. El líder espiritual de la Dinastía de los almohades era Mohamed Toumar, creador de la doctrina muwahhidin (unidad absoluta con Dios). De esta manera, el crecimiento espiritual e intelectual se anudó al ya mencionado auge económico, derivado entre otras cosas de su ubicación privilegiada para el comercio transahariano.
En 1248 los rebeldes musulmanes de la tribu berebere benimerine tomaron el poder e iniciaron el periodo merenida. La derrota en España (campaña de la Reconquista Ibérica) y la perdida de los territorios en Túnez y Argelia sumieron a Marruecos en la desesperación. Para peor, los ejércitos españoles comenzaron su avance sobre el territorio marroquí y tomaron las ciudades de Tetuán en 1399 y Melilla en 1496. La llegada de la dinastía Wattasi no pudo frenar la decadencia y la anarquía en la que se sumergió Marruecos. Aprovechando en momento de debilidad, Portugal inició la invasión de Marruecos con el fin de controlar la actividad de los corsarios que asolaban el comercio portugués y español que recorría las costas africanas. Fundó asentamientos y estableció fortificaciones a lo largo de la costa marroquí, aunque un siglo más tarde estos fuertes ya habían sido abandonados ante los constantes ataques terrestres de los guerreros bereberes. España logró el control de la ciudad de Ceuta y Portugal retuvo Tánger, que luego fue cedida a los británicos en 1661.
La llegada al poder de la tribu de Ben Saad en 1557 significó el inicio de la contraofensiva marroquí contra los invasores europeos. Pero además recuperó la magnificencia de las grandes ciudades marroquíes e inició la construcción del mítico palacio de El Badi.

 

MARRUECOS DIVIDIDA, GANACIA DE EUROPEOS

Hacia el siglo XVIII los alauítas tomaron el poder cuando Mouley Rashid accedió al trono. La muerte del monarca Mouley Ismail en 1727 y la lucha por la sucesión entre sus hijos sumió al país en una sangrienta guerra civil. En los años siguientes las potencias europeas aprovecharon el caos y el hambre para fundar enclaves en territorio marroquí. Gran Bretaña, Francia, Alemania y España se repartieron el territorio mientras la corona local ejercía un poder formal sobre sus súbditos.
Durante el periodo en que las potencias europeas pretendieron que Marruecos fuera un territorio internacional “de hecho”, se establecieron fortificaciones para sostener su dominio. El Tratado de Fez de 1912 convirtió a Marruecos en un protectorado Frances y en 1932 la ciudad de Tánger fue declarada como territorio internacional. El acuerdo otorgó a España las ciudades de Ceuta y Melilla, situación que se mantiene hasta el presente. En ese periodo, cerca de medio millón de colonos franceses ocuparon las tierras más fértiles de Marruecos.
Los guerreros bereberes presentaron una feroz resistencia que puso en jaque a las modernas y bien entrenadas tropas de Francia y España. En 1920, los soldados de Abdel El Karim derrotaron a 60.000 tropas españolas y fundaron la republica de El Rif, que se proclamó independiente de las naciones europeas y desconoció la autoridad del sultán. Una ofensiva conjunta de los ejércitos hispanos y francos al mando del mariscal galo Phillipe Petain acabó con la nación berebere.
En 1956 el Sultan Ben Yussef se proclamó rey Mohamed V de Marruecos. El nuevo monarca declaró la independencia marroquí y negoció hábilmente para lograr la salida de las tropas extranjeras de su territorio. Durante su reinado, España abandonó las regiones de Tarfaya e Ifni y se abolió el estatuto de Tánger como ciudad internacional.
El rey Hassan II, heredero de Mohamed V desde 1961, debió enfrentar tres intentos de golpe de estado y la acción del Frente Polisario de Liberación apoyado por Argelia, que luchaba por la independencia del Sahara Occidental. En 1963 las tropas de Marruecos y Argelia entraron en guerra por diferencias territoriales, conflicto que finalizó con la intervención de la Organización Unida Árabe.
 

LA CRISIS ECONÓMICA Y LOS CONFLICTOS POR EL SAHARA

En los años posteriores la corona llevó adelante un programa de restitución de las tierras a los propietarios originales, provocando la salida masiva de los colonos europeos y sus descendientes. Pero además fue un periodo de violencia estatal durante el cual los opositores fueron duramente reprimidos por las tropas oficiales.
En 1975 el rey Hassan decidió ocupar el entonces llamado “Sahara español”, ocupación que dio lugar a una guerra que trastocó el escenario político del norte africano. La gran inversión armamentística y la caída de los precios de exportación en el mercado internacional produjeron una gravísima crisis económica.
La sequía que tuvo lugar entre 1980 y 1981 generó una escasez de alimentos que obligó al gobierno a importarlos, disparando la deuda externa hasta límites insostenibles.
Entre 1985 y 1990 Marruecos comenzó una serie de reformas liberales y privatizaciones. De tanto en tanto, los sectores opuestos a la administración de Hassan II protagonizan revueltas que son usualmente reprimidas por la policía y los grupos paramilitares asociados al régimen. La asunción del nuevo rey, Mohamed VI, dio inicio a una serie de reformas para ampliar la participación política y modernizar las instituciones sociales. La presencia de grupos terroristas islámicos y su participación en los atentados en Atocha, España, del 11 de marzo de 2004, prendieron las alarmas por el posible crecimiento del fundamentalismo en la sociedad marroquí.
En 2005 se produjo un levantamiento popular en el Sahara Occidental contra el gobierno marroquí. Las protestas fueron duramente reprimidas. A los saharauis se les prohibió izar su bandera o mencionar a su partido político (el Frente Polisario). Defensores de Derechos Humanos fueron encarcelados y, en muchos casos, torturados.
En 2006 la ONU propuso una mediación en el conflicto por el Sahara, cargo de Kofi Annan, quien pidió establecer un co-gobierno para llamar a un referéndum al respecto. Mohamed VI liberó a 48 saharauis, presos desde el levantamiento del 2005, pero rechazó la intervención de la ONU.

 

Los condimentos del desierto ”