Nombre oficial
República de Irlanda o Eire
Gentilicio
Irlandeses
Capital:
Dublín
Idioma Oficial
irlandés e inglés
Población
4.470.700 (est. 2010)
Presidente
Mary McAleese
Prefijo Internacional
00353
Zona horaria
UTC + 0
Moneda
euro
Otros grandes Centros Urbanos
Cork, Limerick, Galway y Waterford
Superficie
70.273 Km2
Geografía y clima
clima es templado y húmedo
Economía
ha logrado colocarse dentro del grupo de países de mayor desarrollo humano y económico
Qué ropa usar
abrigo en invierno
Tips
17 de marzo, 2 de mayo, 6 de junio, 1 de agosto y 31 de octubre
Sitios imprescindibles


 
 
HISTORIA
República de Irlanda o Eire :
UNA HISTORIA VIOLENTA

La historia de Irlanda está íntimamente relacionada a su independencia de Inglaterra y la lucha entre católicos y protestantes. De ese conflicto de siglos, además de miles de muertes de ambos bandos, nació el IRA, ejercito de liberación irlandés que reivindicó la lucha armada para conseguir la independencia.

LA LLEGADA DE SAN PATRICIO

Si bien los primeros asentamientos humanos en Irlanda datan del año 8.000 AC, recién hacia el 4.000 AC hay indicios de las primeras comunidades agrícolas que dejaron como legado importantes construcciones megalíticas en varias regiones de Irlanda. Una de las más importantes están situadas en Newgrange y Knowth, en el Condado de Meath. En el siglo VII AC, los celtas ocuparon la región y dividieron el territorio irlandés en cinco reinos. La llegada del cristianismo data del año 423, con el arribo de San Patricio a tierras irlandesas. En muy poco tiempo, el catolicismo se transformó en la religión predominante.

Si bien las incursiones de los vikingos que amenazaron en varias oportunidades a las comunidades irlandesas comenzaron en el 837, recién 17 años más tarde lograron su objetivo. Con una fuerza más poderosa pudieron establecerse en Dyflinn, actualmente conocida como Dublín. Estas invasiones esporádicas se convirtieron en una ocupación permanente en el siglo IX, lo que tuvo como consecuencia que los celtas y vikingos se fusionaran en una nueva cultura que incorporó elementos de ambas corrientes.

LA INVASIÓN DE LOS INGLESES Y EL INICIO DE UNA LUCHA ETERNA

En el año 1.169, los ingleses ocuparon la isla tras derrotar a los reinos irlandeses de Wexford y Dublín. A partir de entonces, Irlanda fue anexada al reino inglés. La conquista de Irlanda finalizó en 1.171 con la caída de Waterford. Aun así, algunos feudos irlandeses menores se mantuvieron independientes de Inglaterra y presentaron una larga resistencia. Y cuando los ingleses se unieron al protestantismo en 1.536, el catolicismo irlandés se convirtió en factor de unión para los que rechazaban la ocupación de sus tierras.

En 1.531, un grupo de irlandeses – los giraldinos - intentó una rebelión contra los ingleses, pero fueron duramente reprimidos por las tropas ocupantes. Una de las consecuencias de esta insurrección fue la decisión del rey inglés Enrique VIII de proclamarse soberano de Irlanda para acentuar su control sobre las tierras de Eire. Pero este gesto no fue suficiente para imponer su autoridad y entre 1.569 y 1.573 estallaron las rebeliones alentadas por la dinastía Desmond, que además del sentimiento independentistas enarboló la defensa del catolicismo contra la intención de la corona inglesa de imponer el protestantismo entre los irlandeses. Inglaterra, además de destrozar las comunidades rebeldes con sus tropas, aceleró el envío de colonos ingleses para acabar con la mayoría irlandesa en los distritos más problemáticos.

En 1.594 los nobles irlandeses lanzaron una nueva rebelión conocida como Guerra de los Nueve Años. Se trató de un conflicto que recorrió toda la isla y finalizó con la derrota y exilio de los rebeldes irlandeses. En 1.601, España envió tropas a Irlanda para apoyar a los católicos que aun sostenían la lucha contra las tropas inglesas, pero la coalición cristiana fue derrotada por las tropas inglesas en la Batalla de Kinsale el 3 de enero de 1.602.

En 1.639 comenzó una nueva ola de rebeliones. Aprovechando la guerra civil que enfrentó a republicanos y monárquicos ingleses durante la Guerra de las Rosas desde 1.641 en adelante, los irlandeses se alzaron en rebeldía y proclamaron un gobierno autónomo. La respuesta inglesa fue despiadada; en 1.649 las tropas de Oliver Cromwell se lanzaron contra los rebeldes irlandeses y los derrotaron. Luego, confiscaron sus tierras y se las entregaron a los pobladores protestantes ingleses e irlandeses. Las tropas inglesas cometieron numerosas masacres en su campaña contra los rebeldes. La cantidad de víctimas irlandesas se multiplicó cuando los pobladores despojados de sus tierras debieron afrontar una severa hambruna. La guerra y el hambre acabaron con un tercio de la población católica de Irlanda.

En 1.689, los irlandeses se dividieron entre aquellos que apoyaban al rey católico Jacobo II y los protestantes que se alienaban con Guillermo de Orange. La contienda finalizó con la derrota de los jacobitas en la batalla de Aughrim en 1.691, resultado que malogró las promesas de Jacobo de devolverles las tierras confiscadas en tiempos de Cromwell.

El relevamiento de los católicos irlandeses de los asuntos de gobierno y las políticas de apropiación de sus tierras para favorecer a los protestantes se mantuvo hasta el siglo XVIII. Desde 1.695, estaba vigente la Ley Popery que prohibía a los católicos irlandeses ejercer cargos de gobierno, ingresar al ejército, poseer tierras o educar a sus hijos en la fe cristiana. En ese periodo, Inglaterra hizo grandes esfuerzos para acabar con las costumbres y tradiciones irlandesas y reemplazarlas por su propia cultura. Fue un esfuerzo vano ya que los irlandeses encontraron en la preservación de sus tradiciones un modo de resistir la ocupación.

UN INTENTO POR LA UNIÓN

En 1.800, Irlanda e Inglaterra firmaron el Acta de Unión, que dio nacimiento al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda. Grandes sobornos, concesiones de tierras y la entrega de títulos nobiliarios a los parlamentarios irlandeses por parte de los negociadores ingleses garantizaron la firma del Acta. La promesa de permitir la participación de delegados irlandeses en el Parlamento británico fue vetada por el Rey inglés Jorge III con el argumento que dicha participación pondría en riesgo a la iglesia anglicana dada la fe católica de la mayoría de los diputados irlandeses. Esta restricción se mantuvo hasta 1.829, año en que las presiones de Irlanda permitieron el reconocimiento de sus parlamentarios gracias al liderazgo del líder irlandés Daniel O’Connell.

En 1.846, Irlanda atravesó la peor hambruna de su historia cuando la cosecha de papas, la principal fuente de alimentos de los irlandeses, fue alcanzada por una plaga que terminó con la mayor parte de los sembradíos. Cerca de un millón de personas murieron de inanición y al menos tres millones se vieron obligados a migrar, principalmente a Estados Unidos, Canadá, Sudamérica y otros países del Reino Unido. La colonia de irlandeses estadounidenses se convirtió en una fuente de financiamiento y apoyo político a los grupos independentistas, que desde entonces redoblaron su lucha contra los ingleses. Es en ese momento en que los grupos armados recrudecieron sus ataques contra las autoridades y propiedades inglesas dentro y fuera de Irlanda. Su reclamo no sólo tenía por objetivo la independencia, sino que además pedían la restitución de las tierras que habían pasado a manos protestantes en siglos pasados.

El gobierno de Londres respondió con una campaña de represión, pero además entregó una cantidad de tierras a sus antiguos propietarios cristianos. Sin embargo, el deseo de independencia se mantuvo vivo gracias a la acción de dirigentes irlandeses como Michael Davitt y Charles Stewart Parnell, que persistieron en el reclamo político por mayor libertad.

OTRO INTENTO INDEPENDENTISTA

En 1914, el Parlamento británico aceptó tratar dos proyectos para darle autonomía a Irlanda. Pero el estallido de la Primera Guerra Mundial frenó su tratamiento. Para ese momento, los dos grupos armados irlandeses, los Voluntarios de Ulster y los Voluntarios Irlandeses del Sur habían acopiado una importante cantidad de armas importadas desde Alemania. Con el grueso de las tropas británicas en el frente de batalla, consideraron que era el momento apropiado para lanzar una ofensiva armada.

En la Pascua de 1.916 los Voluntarios se alzaron en armas bajo el liderazgo de Padraig Pearse y James Connolly. Unos 3.000 irlandeses intentaron tomar el poder, pero fueron derrotados por la guarnición británica. Cientos de partidarios de la independencia fueron asesinados por las tropas británicas y sus aliados locales. Una parte de los Voluntarios desencantados con el resultado trágico se unió al Sinn Féin, partido político que presionaba por la independencia irlandesa. Eamon de Valera, principal dirigente del Sinn Féin, emergió de esta insurrección como una figura importante del movimiento independentista. Los más radicalizados se unieron al Ejército Republicano Irlandés (IRA por sus siglas en inglés), la facción armada del movimiento. Terminada la guerra, el parlamento británico se negó a reconsiderar la idea de la autonomía irlandesa. Esto fue interpretado como una traición por muchos irlandeses, que vieron entonces en el apoyo a la lucha armada la única salida para obtener la emancipación. Desde 1919, el IRA profundizó su ofensiva contra los ingleses e irlandeses que los apoyaban. Sus adversarios, además de las fuerzas regulares, organizaron un grupo paramilitar denominado Black and Tran formado por protestantes irlandeses, cuyo temible accionar incluía el asesinato de familias católicas, la quema de pueblos enteros, la tortura y la ejecución sistemática de partidarios de la independencia.

Los ingleses promovieron en 1.920 la división de Irlanda entre el sur católico y el norte, en donde predominaban los pobladores protestantes. En diciembre de 1.921, acosado por la violencia que se vivía en las tierras irlandesas, el gobierno británico aceptó firmar el Tratado Anglo Irlandés para otorgarle a ese país la independencia y Michel Collins fue nombrado presidente de la nueva nación. Sin embargo, Edmon de Valera rechazó el acuerdo por considerar inaceptable que se renunciara a Irlanda del Norte y que los funcionarios de Irlanda del Sur debieran prestar juramento de fidelidad a la corona inglesa, tal como lo estipulaba el Tratado Anglo Irlandés. El IRA apoyó la posición adoptada por De Valera. Se inició entonces una áspera guerra civil que se prolongaría hasta 1.923, cuando las fuerzas rebeldes al Tratado fueron derrotadas. Terminada la guerra civil, Irlanda del sur se dedicó a crear las instituciones que le darían viabilidad como nación. El 29 de diciembre de 1.937 se proclamó la Constitución que ordenaba al nuevo Estado Irlandés.

LA CONSTITUCIÓN IRLANDESA

El 1 de abril de 1.949 se aprobó una nueva Constitución para Irlanda que proclamó formalmente la separación definitiva del Reino Unido y se dieron por terminados los acuerdos que aun la unían a sus antiguos ocupantes. Nunca pudo lograrse el objetivo de integrar a los condados de Irlanda del Norte, que se vieron sumergidos en largos periodos de violencia por la lucha entre los británicos y el IRA. Recién en 1.985 el gobierno británico le dio un papel consultivo a Irlanda del Sur respecto a los asuntos concernientes a los condados del norte, que aun administra con apoyo de los protestantes de esa región. En 1.998, los gobiernos de Irlanda del sur y el Reino Unido acordaron darle mayor autonomía a Irlanda del Sur, sin avanzar significativamente en la reunificación de la isla.

Mientras tanto, Irlanda del sur aplicó un profundo programa de reformas económicas y políticas para superar el tradicional retraso de su sistema productivo. En 1.973 se integró a la Comunidad Europea y luego a la Unión que le sucedió en 1.993, Al llegar la década del 1.990, el país comenzó a mostrar una asombrosa capacidad de crecimiento gracias a la apuesta a favor de las industrias tecnológicas. En el mismo periodo, el gobierno irlandés llevó adelante un extenso plan para recuperar las tradiciones culturales perseguidas durante los ocho siglos de ocupación inglesa.

En los meses finales de 2.010, la economía irlandesa entró en una profunda crisis contagiada por la inestabilidad financiera que atravesaba el resto del continente europeo. Un duro programa de ajuste de las cuentas públicas y el salvataje financiero por parte de la Unión Europea pareciera haber mitigado los efectos de la crisis.

Irlanda: una Historia Violenta”