Nombre oficial
República Islámica de Irán
Gentilicio
iraníes
Capital:
Teherán
Idioma Oficial
persa
Población
716.923.300 (est. 2010)
Presidente
Mahmud Ahmadineyad
Prefijo Internacional
0098
Zona horaria
UTC + 3:30
Moneda
Rial iraní
Otros grandes Centros Urbanos
Abadan, Shiraz, Tabriz, Seman, Qom, Mashad e Ishafán.
Superficie
1.648.195 Km2
Geografía y clima
el clima predominante es el continental desértico
Economía
Irán posee una economía capitalista
Qué ropa usar
Liviana y fresca
Tips
Fechas nacionales: 2 de febrero, 20 de marzo, 1 de abril y 4 de junio,
Sitios imprescindibles
Teherán, Persépolis, Isfahán


 
 
HISTORIA
República Islámica de Irán:
IRÁN: HISTORIAS DE PETRÓLEO Y RELIGIÓN

Irán ha tenido, desde sus inicios, un fuerte dominio político y económico en Medio Oriente. Las luchas internas religiosas han configurado un Estado fuerte en lo cultural que, hasta la actualidad, ostenta una posición de peso en las relaciones internacionales.

DEL IMPERIO PERSA A LA AUTONOMÍA IRANÍ

Si bien el territorio iraní tuvo asentamientos humanos desde tiempos neolíticos, la primera civilización organizada fue la elamita, que comenzó a desarrollarse en el año 3.000 AC. en la ciudad de Susa. Los otros pueblos destacados se encontraron hacia el año 2.000 AC, cuando los medos llegaron al sudeste de Irán y los persas, procedentes de las estepas de Rusia. Pero recién en el 612 AC, los reyes medas lograron independizarse del los asirios y formaron el primer imperio iraní. Sin embargo, en el 549 AC fueron desplazados por los persas liderados por el emperador aqueménide Ciro I El Grande.
Ciro I organizó una poderosa maquinaria administrativa y militar que lo llevó a conquistar Babilonia, Siria, grandes porciones de las costas orientales mediterráneas y algunas regiones de Asía menor. El hijo de Ciro, Cambises, sumó Egipto a los territorios persas. Ciro fue sucedido por Darío I, quien se dedico a consolidar el control sobre el vasto territorio bajo su poder mediante un sistema de satrapías -provincias- locales.
El periodo de esplendor persa finalizó con la derrota frente a los ejércitos de Alejandro Magno en el siglo III AC. Persia fue despojada entonces de sus dominios y puesta bajo la tutela de los gobernantes griegos. La dinastía helenística de los seleúcidas sucedió a la caída del imperio griego. El surgimiento de los Partos hacia el año 250 AC permitió defender la región frente a los avances de los romanos, al tiempo que la apertura de la Ruta de la Seda trajo prosperidad a la región como zona de paso de las mercancías que intercambiaban Europa y China.
El año 22, Ardacher I fundó el período de los sasánidas, que lucharon por largos periodos contra los intentos bizantinos y de otras tribus extranjeras que intentaron invadir el territorio persa. A partir del año 636, el islamismo traído por los ejércitos árabes desplazó a las antiguas creencias locales. El sistema de los Shah acabó cuando Yazdgrad II fue derrotado e Irán fue dividido en varios califatos. Como en otras regiones, el islamismo toleró la existencia de grupos que profesaban otras religiones, como es el caso de los zoroastrianos, monofisitas y nestorianos.
Con el paso del tiempo Irán se fue dividiendo en varios reinos con gobiernos independientes de los califatos de Damasco y Bagdad. Algunos feudos como Nishapur, Kermán y Jorasán presentaron una fuerte resistencia política y militar a los intentos de los extranjeros por imponer su poder. Fue así que entre los siglos VII y X los reinos iraníes consolidaron su autonomía.

LA INVASIÓN DE GENGIS KAN

En 1219, las tropas mongoles -al mando del líder aristócrata Gengis Kan- que procedían del este, invadieron Irán. Se trató de una irrupción devastadora para las vidas y propiedades de los ciudadanos del país. Gengis Kan creó el kanato de Persia y así los mongonles gobernaron el país hasta el año 1506.
En 1501 los sufíes chiítas liderados por Ismail iniciaron un movimiento independentista. Fue entonces que, tras derrotar a los mongoles timúridas que gobernaban el país, Ismail se proclamó Shah de Persia y dio inició a un nuevo periodo de prosperidad científica y económica en Irán. Comenzó de este modo el periodo safávida. En el siglo XVI los safávidas adoptaron las ideas shiítas que los diferenciaron de otras naciones musulmanas en donde predominaban los chiítas.
En 1794, Mohamed Khan Kayar, un príncipe castrado para que no aspirara el trono, desplazó al rey Loft Alí Jan y se proclamó Shah de Persia. El nuevo monarca mudó la capital del imperio a Teherán y lanzó repetidas ofensivas para acabar con toda forma de resistencia a su autoridad. Sus tropas conquistaron vastas regiones del Cáucaso en el marco de la guerra Ruso Persa que se desarrolló entre 1804 y 1813. Pero al final de la guerra, con las tropas iraníes derrotadas, Teherán debió ceder Georgia a Rusia y reconocer derechos de navegación exclusiva sobre el Mar Caspio a sus adversarios. Una nueva guerra contra los rusos entre 1826 y 1828 le significó a los persas la pérdida de Transcaucasia.
En los años siguientes los sucesores del Shah Khan Kayar pasaron a integrarse en la zona de influencia del imperio británico y ruso, que lograron influenciar el estilo de vida tradicional de los persas con sus costumbres y productos. Fue un periodo de modernización sin precedentes durante la cual se fundaron numerosas universidades e industrias.
En enero 1906 estalló una revolución constitucionalista llevada adelante por los sectores que aspiraban a una reforma política y cuestionaban los gastos fastuosos de la realeza frente a las penurias que atravesaba la mayor parte de la población. Incapaz de frenar la revuelta, el 30 de diciembre siguiente el Shah aceptó promulgar una Constitución.

¡EUREKA! ¡PETRÓLEO!

En 1908 se descubrió petróleo en Mashmid Suleyman y se abrió una nueva etapa en la historia de Irán. Se inició la explotación de hidrocarburos que, desde su comienzo, fue asumido por empresas británicas bajo la cobertura de la empresa Anglo Persian Oil Company, de la cual la corona iraní era un socio menor. En ese mismo año el Shah Muhammad Alí intentó acabar con los grupos constitucionalistas lanzando contra ellos una feroz ofensiva militar. Pero la resistencia de los republicanos obligó al Shah a abdicar a favor de su hijo Ajmad, de sólo 12 años, y a huir luego al exilio en Rusia. En julio de 1910 regresó con apoyo de tropas rusas y dio por terminada la primavera republicana al derrotar a los partidarios del Majlis o Parlamento iraní.
Aunque el Shah Ajmad se declaró neutral durante la Primera Guerra Mundial, tropas rusas invadieron para marchar hacia el frente de combate y luego un contingente británico ocupó las refinerías del país con la excusa de garantizar la integridad de sus intereses.
En 1920, los comunistas persas liderados por Mirza Kuchak Khan proclamaron una república socialista soviética en la provincia de Gilán con apoyo del Ejército Rojo. El intento socialista fue ahogado por las tropas centrales en septiembre de 1921.
En octubre de 1925, el Shah Qayar fue obligado a abdicar y reemplazado por Reza Pahlavi, de ideas nacionalistas pero también con buenas relaciones con las potencias occidentales. El regreso del modelo parlamentarista le dio mayor protagonismo a los grupos plebeyos.
La sujeción del Shah a los designios de las potencias occidentales, en particular a los deseos de Gran Bretaña y Estados Unidos, hizo crecer al movimiento nacionalista. Los intentos del Shah por modernizar la cultura y la economía iraní hicieron surgir una nueva clase dispuesta a cuestionar los principios monárquicos sobre los que se fundamentaba el sistema político local.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el reino iraní volvió a declararse neutral y otra vez fue invadido, esta vez por tropas soviéticas y británicas que en septiembre de 1941 obligaron al monarca a exiliarse en Sudáfrica luego de abdicar a favor de su primogénito Muhammad. Finalizada la contienda, Irán se vio obligado a firmar acuerdos que lo sujetaban económicamente a las potencias occidentales y en particular le cedían gran parte de la explotación del crudo que se hallaba en su territorio.

EL REGRESO DEL SHAH Y LOS CONFLICTOS CON OCCIDENTE

El 1 de mayo de 1953, el primer ministro Muhammad Mossedegh, un nacionalista de gran predicamento en los sectores populares, anunció la nacionalización del petróleo iraní. Fue un duro golpe para las potencias occidentales, que de inmediato lanzaron una compleja conspiración junto a los sectores monárquicos para desplazar a Mossedegh. Un boicot a las compra de petróleo iraní lanzado por los británicos puso a la economía local en un duro trance. Pero el intento fracasó por el apoyo que recibía el Primer Ministro y el Shah debió huir a Roma. Un golpe de estado organizado por el general Zahedi, un militar fiel al Shah, logró destituir a Mossadegh el 19 de agosto tras cruentos combates contra los nacionalistas.
Atento a la inestabilidad de su reino, el Shah regresó a Irán y lanzó una serie de reformas para desregular la economía y hacer algunas concesiones a los grupos más pobres de la sociedad, tales como una reforma agraria y un plan de infraestructura financiado con la venta del petróleo. Dominado el frente interno, El Shah se proclamó emperador de Irán el 26 de octubre de 1967 para reafirmar su liderazgo político sobre Persia.
En los años que siguieron a la restitución del poder del Shah, Irán acentuó su alineamiento con las potencias occidentales y adquirió armamentos suficientes para erigirse como una de las potencias regionales indiscutidas. Intervino en los asuntos internos de estados vecinos y ocupó las islas de Abu Musa, Tumb Mayor y Menor reclamadas como propias por los Emiratos Árabes Unidos.
En 1975, el Shah disolvió todos los partidos políticos, mientras su policía política, la temida SAVAK, se volvía famosa por los arrestos violentos, las ejecuciones sumarias, las desapariciones de ciudadanos y las torturas contra los disidentes en las cárceles del régimen. Pero el clima de insurrección se extendió pese a la represión y los grupos islamistas comienzan a cobrar mayor influencia.
La figura del Ayatolá Ruholla Jomeini, un líder religioso exiliado en Francia, se convirtió en el símbolo de la resistencia. Hacia el año 1978, comenzó una nueva ronda de manifestaciones contra el Shah que provocan cientos de muertos. El 16 de enero de 1979 el Shah huyó con su fortuna hacia el exilio al profundizarse la lucha entre los opositores y las fuerzas gubernamentales, que cada vez es más favorable a los primeros. El 1 de febrero el ayatolá Jomeini regresó a Irán y se convirtió en el líder de un nuevo gobierno islámico regido por las normas tradicionales coránicas que reemplazó al anterior régimen imperial.
Un referéndum celebrado el 31 de marzo apoyó la conversión de Irán en una república islámica, hecho que provocó algunas rebeliones en las regiones habitadas por minorías religiosas en Kurdistán, Azerbaiyán y Juzestán. Las fuerzas revolucionarias ahogaron violentamente las revueltas. Además, se hicieron cargo de la ejecución de miles de funcionarios y partidarios del Shah depuesto.

LA GUERRA CON IRAK

El nuevo gobierno, claramente enfrentado con los Estados Unidos por cuestiones históricas, ideológicas e incluso religiosas, reclamó la extradición del Shah exiliado en territorio norteamericano. Las evasivas de Washington precedieron a la invasión de la embajada de los Estados Unidos el 4 de noviembre de 1979 por parte de cientos de estudiantes islámicos apadrinados por los líderes religiosos iraníes. En el interior de la delegación norteamericana, los estudiantes tomaron de rehenes a 66 empleados diplomáticos. Permanecieron retenidos 444 días hasta que un acuerdo secreto les permitió recuperar la libertad a cambio de la provisión de armas norteamericanas al ejército iraní.
Para ese momento, Irán se encontraba enfrascado en una amarga y sangrienta lucha contra sus vecinos iraquíes. En septiembre de 1980, creyendo que sus vecinos iraníes estaban en su momento de mayor debilidad, el dictador iraquí Saddam Hussein lanzó una ofensiva. Hussein buscaba apropiarse de territorios petroleros reclamados por ambos países y ponerle un freno al régimen religioso iraní, que podía influenciar a la minoría chiíta de Irak y provocar una revuelta contra el gobierno laico que lideraba el presidente iraquí.
Los iraquíes contaban con un poderoso arsenal provisto con los más modernos productos de las industrias armamentísticas occidental y oriental, y en los primeros días de la guerra arrasaron contra las poco preparadas tropas iraníes. Irán poseía también armas modernas, pero el boicot occidental dejó a muchas armas inservibles y la falta de oficiales por las purgas lanzadas por las autoridades musulmanas debilitó su capacidad de combate. De manera que Irán apeló al uso de su superioridad numérica para frenar a las tropas adversarias. Desde 1982 en adelante el conflicto se estabilizó en una lucha de trincheras que cobró numerosas víctimas, muchas de ellas provocadas por el uso de armas químicas por parte de las tropas de Hussein. Luego de eso, los países se trenzaron en una lucha de cohetes lanzados contra las ciudades adversarias que elevaron la cantidad de muertos a cifras dramáticas. La guerra terminó formalmente el 20 de julio de 1987, cuando se firmó un alto el fuego promovido por la ONU. Sin posibilidades de imponerse, los adversarios dieron fin a una guerra que tomó la vida a por lo menos un millón de personas.
La muerte del ayatolá Jomeini en junio de 1989 no disminuyó la influencia religiosa en el gobierno. Su sucesor, Alí Jamenei siguió adelante con su política islámica y la confrontación con los EEUU. En 1991, durante la ofensiva occidental contra su antiguo aliado iraquí, Irán refugió a los aviones de guerra que huían de la destrucción desatada por la coalición armada para liberar a Kuwait. En 2002, EEUU declaró a Irán como uno de los países adversarios a su estrategia exterior y a partir de entonces ha intentado frenar los intentos de Teherán de avanzar en el dominio del ciclo de producción nuclear, que eventualmente convertiría a la nación persa en una potencia atómica.
En 2005, el triunfo electoral de Mahmoud Ahmadinejad tensó aún más las relaciones entre Irán y los países occidentales por sus frecuentes afirmaciones antisemitas y belicosas hacia EEUU y sus aliados. Al mismo tiempo, Irán ha llevado adelante un ambicioso plan de producción de armas que la ha convertido en una potencia de peso en el Medio Oriente.
A pesar de las tensiones, Irán ha logrado recuperarse de los años de guerra civil y los conflictos exteriores hasta alcanzar un considerable nivel de desarrollo cultural y económico.
 

Irán: historias de petróleo y religión”