Nombre oficial
República Francesa
Gentilicio
franceses
Capital:
París
Idioma Oficial
Francés. Se hablan 75 idiomas y dialectos regionales en el territorio metropolitano y colonias de ultramar.
Población
65.447.374 (est. 2010)
Presidente
Nicolas Sarkozy
Prefijo Internacional
0033
Zona horaria
UTC + 1
Moneda
Euro
Otros grandes Centros Urbanos
Avignon, Burdeos, Estrasburgo, Lille, Nancy, Niza, Reims y Toulouse.
Superficie
675.417 Km2
Geografía y clima
los antiguos macizos de la región occidental y las zonas cordilleranas de Los Alpes y Los Apeninos
Economía
posee la quinta economía más grande del planeta
Qué ropa usar
abrigo en período invernal
Tips
Fechas nacionales: 1 de mayo, 8 de mayo, 14 de julio y 11 de noviembre
Sitios imprescindibles
París - Marsella - Línea Maginot - Verdun - Carnac


 
 
HISTORIA
República Francesa:
FRANCIA: HISTORIA DE PENSADORES Y REVOLUCIONARIOS
República Francesa - HISTORIA

Francia es uno de los países que cuenta con testimonios vivos de la los primeros tiempos de la historia del hombre y, a la vez, el hombre hizo de la historia de Francia un testimonio vivo del mundo moderno. La Revolución Francesa y sus pensadores marcaron un límite al absolutismo político en Francia y marcaron una tendencia que fue asimilada por todo el mundo occidental. Hoy es una nación moderna y pujante, ícono de la Europa del siglo XXI.

LA GALIA

En su territorio pueden encontrarse importantes muestras del paleolítico inferior en el río Somme y los Pirineos tradicionales, así como en La Chapelle-aux-Saints, Le Moustier y La Ferrasie. Del paleolítico superior se pueden apreciar abundantes vestigios de los hombres de Cro-Magnon de unos 25.000 años de antigüedad, ubicados todos ellos en el valle de Dordoña. Entre las más famosas pinturas rupestres del mundo se destacan las de Lascaux y de Font de Gaume, en los Pirineos franceses.

Lo que hoy es conocido como Francia, antes se denominaba Galia. La Galia estaba poblada por los galos, pueblo celta de origen indoeuropeo. Sus fronteras quedaron establecidas por el norte con el actual Canal de la Mancha, por el oeste con el Océano Atlántico, por el sur con los montes Pirineos y el mar Mediterráneo, y por el este con el río Rhin (que lo separaba de la Germania) y los montes Alpes (que lo separaban de Italia). Mientras tanto, en el sur de la Galia se establecieron los griegos, quienes fundaron la ciudad que luego tomaría el nombre de Marsella. Ya en el siglo I AC, gran parte del continente europeo estaba bajo la amenaza de la conquista del Imperio Romano. En el año 51 AC, las tropas dirigidas por el emperador romano Julio César conquistaron Galia tras derrotar a los ejércitos de Vercingentorix en la batalla de Alesia. La cristianización de roma facilitó la conversión de las tribus paganas galas, que además fueron profundamente influidas por los métodos económicos y sociales traídos por los invasores. En el siglo V, los francos, un pueblo germánico procedente de Baja Renania, liderados entonces por Meroveo, invadieron los territorios romanos en Galia y establecieron al reino Merovingio. Junto a los visigodos, dominaron las comarcas francesas durante algunos siglos: se fundieron con los pueblos ya asentados en Francia y comunidades de normandos, bretones y burgundios llegados en sucesivas oleadas migratorias anteriores.

Desde el año 486, Francia fue dominada por el rey Merovingio Clodeoveo I, quién luchó en alianza con el papado contra los arrianos para imponer el catolicismo ortodoxo en el territorio francés. En el 751, con el inicio del período carolingio, Pipino el Breve desplazó -con ayuda del Papa- al último rey merovingio, Childerico III. En 983 comienza la dinastía de los Capetos mientras Francia se dividía cada vez más en una infinidad de pequeñas comarcas feudales. A poco de iniciarse el año 1000, las cruzadas para desalojar a los musulmanes de los sitios sagrados en Medio Oriente y la Guerra de los Cien Años contra la corona británica sumergieron a Francia en largos años de costosos esfuerzos bélicos.

Pasado el prolongado período de guerra, una terrible epidemia de peste bubónica iniciada en 1348 sumergió a Francia y a toda Europa en una crisis sin precedentes. Se calcula que cerca de un tercio de la población sucumbió ante la enfermedad. Sin embargo, los tiempos cambiaron y tras la catástrofe, Europa logró resurgir a través del Renacimiento y Francia fue uno de los sitios donde la renovación social y cultural explotó con mayor fuerza.

Pero la paz tardaría en llegar, y a una sociedad en crecimiento y desarrollo le es inherente el conflicto y la lucha interna. Antes de terminar el siglo XIV Francia se sumergió en una guerra que enfrentó a los católicos seguidores del Papa con los grupos protestantes calvinistas o hugonotes. La guerra extinguió el poder de la casa Valois, descendiente de los Capetos, y permitió el ascenso de Enrique IV de la Casa de los Borbón. Los conflictos con los hugonotes protestantes continuaron en los años siguientes. El 24 de agosto de 1572, comenzó en Paris una terrible matanza de calvinistas que se extendió por meses y le costó la vida 10.000 hugonotes. En 1685 Luis XIV dictó el edicto de Fontainebleau, que prohibió el protestantismo y obligó al exilio de 200.000 hugonotes.

En un contexto de crecimiento de gran parte de las coronas europeas y de su afán de conquista territorial, en 1618 Francia se vio embarcada en la Guerra de los Treinta Años contra el Imperio español y el Sacro Imperio romano germánico. Luego de tres décadas de enfrentamientos, La Guerra de los Treinta Años llegó a su fin con la Paz de Westfalia y la Paz de los Pirineos, y supuso el punto culminante de la rivalidad entre Francia y los territorios de los Habsburgo por la hegemonía en Europa.

PERÍODO DE ORO Y REVOLUCIÓN FRANCESA

En los años siguientes Francia consolidó su poder y dio comienzo al denominado “periodo de oro” durante el cual se ampliaron las posesiones coloniales, se lograron grandes avances científicos y el rey consolidó su poder sobre los señores feudales, dando lugar a un gobierno de tipo absolutista.

Mientras tanto, en ciertos sectores influyentes de la sociedad florecían las ideas de la ilustración y el racionalismo, que comenzaban a sentar las bases al cuestionamiento de la autoridad divina del rey. En Francia, estas ideas se habían difundido con fuerza de la mano de grandes pensadores como Jean Jaques Rousseau, Denis Diderot y Voltaire.

Sin embargo, los problemas comenzaron a plasmarse cuando Francia apoyó a los grupos independentistas de las colonias norteamericanas para lograr la independencia de Inglaterra, y así afectaba directamente los intereses de la isla británica. La aventura militar consumió los recursos de la corona francesa y el Estado debió multiplicar la presión tributaria sobre el pueblo francés. Fue así que en 1789 comenzó un periodo de hambrunas y malestar social, que estalló ante la decisión del rey de aumentar el precio del pan, insumo básico de la alimentación de las clases bajas. La revuelta tuvo como consecuencia la organización de los Estados Generales, que repartía el poder entre los nobles, el clero y la burguesía -que había alentado el levantamiento popular-. Un intento de los monárquicos para aplastar la revolución dio lugar a la formación de la Asamblea Nacional el 17 de junio. El 9 de julio, los sectores revolucionarios radicalizaron sus posturas al enterarse de la formación de un ejército real para terminar con la Asamblea. Sin embargo, el 4 de agosto la Asamblea abolió la nobleza y en 1790 sujetó la iglesia al Estado. En los días siguientes, una ola de violencia contra los nobles y sus propiedades se desató en gran parte del territorio francés.

El 20 de junio de 1791 el rey Luis XVI intentó huir de París con su familia para unirse a las fuerzas contrarrevolucionarias, pero fueron arrestados en Varennes. El 10 de agosto de 1792 una masa enardecida por la noticia de un inminente ataque a Francia por parte de las coronas aliadas al rey, tomó por asalto el Palacio de las Tullerías y el 21 de enero siguiente el rey y su esposa fueron ejecutados.

La muerte del monarca dejó sin vuelta atrás la revolución, que además debió enfrentar la presión de los ejércitos austriacos y prusianos. Las tropas revolucionarias obtuvieron un triunfo contra los prusianos en Valmy en septiembre de 1792. El riesgo de una invasión, inició en 1793 el periodo más duro de la Revolución Francesa, durante la cual los jacobinos liderados por Robespierre impusieron un clima de terror.

NAPOLEÓN BONAPARTE

En el frente de batalla comenzó a surgir la figura de Napoleón Bonaparte, un genial militar corso que obtuvo resonantes triunfos para la revolución. El 4 de septiembre de 1799, el general corso ejecutó una hábil maniobra y logró la cima del poder al ser electo Primer cónsul de Francia. Las reformas jurídicas y administrativas de Napoleón cambiaron la estructura política y social gala. Siguió adelante su victoriosa carrera militar y expandió el control francés sobre la mayor parte de Europa. En 1802, Napoleón se coronó emperador de Francia, pero en 1812 el general francés se aventuró con su ejército en las inmensidades rusas y sufrió una derrota casi absoluta. Paris cayó el 31 de marzo de 1814 ante las tropas aliadas de Gran Bretaña, Austria, Prusia, España, Portugal y Suecia. Napoleón fue exiliado en la isla de Elba e intentó regresar cien días después. Formó un ejército de 200.000 hombres, pero fue derrotado definitivamente el 18 de junio de 1815 en la batalla de Waterloo.

Con la derrota de Napoleón volvió a instalarse la monarquía encabezada por el rey Luis XVII. Sucesivas revoluciones en 1830 y 1840 demostraron sin embargo que las masas ya habían rechazado este sistema de gobierno. El 4 de noviembre de 1848 se promulgó una nueva Constitución y se realizaron las primeras elecciones para presidente al año siguiente. Luis Napoleón, sobrino de Bonaparte, ganó las elecciones con el 75% de los votos. El nuevo presidente usó el apoyo popular para proclamarse Emperador Napoleón III de Francia el 2 de diciembre de 1852. Durante el segundo imperio, Francia avanzó en un rápido proceso de industrialización y expansión colonial. Fueron años de auge económico y autoritarismo político.

Napoleón III llevó adelante una agresiva política expansionista que lo llevó a entrar en guerra con Rusia en el conflicto de Crimea, contra los prusianos entre 1870 y 1971 y a invadir México para instalar un efímero reino en tierras aztecas. Las derrotas en México y contra los prusianos en 1870 obligaron al emperador a abdicar. De esa manera nació la Tercera Republica francesa regida por una democracia parlamentaria.

Tanto en tiempos de Napoleón III como en el periodo republicano, Francia conquistó territorios en Marruecos, Argelia, Senegal, Indochina, Sudán, Madagascar, el Congo, Somalia, Líbano, Siria, y algunos enclaves en América y Oceanía.

FRANCIA Y LAS DOS GUERRAS MUNDIALES

La carrera colonial y la situación de territorios franceses reclamados por Alemania condujeron roces con la antigua Prusia. Al desatarse la Primera Guerra Mundial Francia se alió a Gran Bretaña y Rusia para enfrentar a los alemanes, que combatían aliados al imperio Austro Húngaro. Fue una guerra que consumió millones de hombres e ingentes cantidades de recursos. Tras un rápido avance alemán que llegó a las puertas de Paris, la guerra se empantanó en un conflicto estático de trincheras y mortíferos bombardeos. El triunfo correspondió a los aliados y Francia presionó para obtener millonarias compensaciones de parte de los vencidos.

La humillación alemana dio lugar a una nueva fase del conflicto desatada el 3 de septiembre de 1939, cuando el régimen nazi alemán invadió Polonia. Las tropas francesas sucumbieron ante las bien entrenadas y equipadas fuerzas militares alemanas. Los vencedores dividieron el país y ejercieron el control directo sobre el norte y oeste del territorio francés, mientras que en el resto, el régimen títere de Vichy sostuvo un gobierno en apariencia autónomo, pero que en la realidad era manejado por el los nazis. La presencia de partisanos “maquis” apoyados por los aliados y liderados desde el exilio por el general Charles de Gaulle, permitió a Francia sostener la lucha contra los ocupantes. El 6 de junio los aliados iniciaron la liberación de Francia al desembarcar en Normandía. Semanas después, Paris primero y luego el resto del territorio francés, fueron liberados del dominio nazi.

Durante la posguerra, Francia tuvo que hacer frente a rebeliones independentistas en sus territorios coloniales. Fueron particularmente graves los combates que debió enfrentar en Indochina y Argelia, conflictos que terminaron con la derrota de las fuerzas galas. Durante estas luchas hizo su aparición la Organisation de l’Armee Secrete, un grupo paramilitar católico y ultranacionalista que intentó derrocar al presidente Charles de Gaulle en 1962 para detener el proceso de descolonización de Argelia.

DE LA GUERRA FRÍA A LA ACTUALIDAD

Ya inmersa en la Guerra Fría, Francia fue parte de la alianza occidental formada con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que enfrentó al bloque soviético y desarrolló un sistema propio de armas de disuasión nuclear. En 1956, tropas francesas, británicas e israelíes atacaron a Egipto luego de que el régimen de Abdel Nasser nacionalizara el Canal de Suez, que era administrado por capitales anglo-franceses. Aunque la ofensiva tuvo éxito, los estadounidenses ordenaron a Paris, Tel Aviv y Londres el retiro de sus fuerzas, directiva que fue tomada como una humillación insoportable por el gobierno galo. Francia renunció a la OTAN y desplegó una política estratégica propia, aunque no disociada con la de sus aliados occidentales. Francia fue un miembro central del proceso de integración europea y uno de los fundadores de la actual Unión que une a los estados del continente. En tiempos recientes ha participado en las coaliciones que enfrentaron a los irradies en la guerra del Golfo de 1991 y conserva el puesto de miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.

Historia de pensadores y revolucionarios”