Nombre oficial
Reino de Dinamarca
Gentilicio
Danés, danesa, dinamarqués, dinamarquesa
Capital:
Copenhague
Idioma Oficial
Danés
Población
5,584,758 (2012)
Presidente
Reina Margarita II - Primera Ministra Helle Thorning-Schmidt
Prefijo Internacional
+45
Zona horaria
invierno UTC+1 verano UTC+2
Moneda
Corona Danesa
Otros grandes Centros Urbanos
Aarhus, Odense, Aalborg
Superficie
43.098 km2
Geografía y clima
Una península con la mayor parte de su terreno compuesto de llanuras onduladas aptas para la agricultura y un archipiélago de cientos de islas con algunas de gran tamaño como la de Selandia y la de Bornholm. El clima es moderado marítimo con veranos templados y temperaturas que rondan los dieciséis grados y lluvias distribuidas en todo el año
Economía
Sistema económico de libre mercado con un gran porcentaje de empleo publico y una red social extensa
Qué ropa usar
Salvo en algunos lugares específicos del norte donde las temperaturas pueden caer considerablemente por debajo del cero, en invierno es aconsejable llevar un abrigo moderado y preparado para la lluvia. En el verano se puede andar con ropa liviana pero un abrigo ligero es recomendable
Tips
Fechas Nacionales: 5 de junio, Día de la Constitución
Sitios imprescindibles
Copenhague, Aarhus, Billund, Roskilde


 
 
HISTORIA
Reino de Dinamarca:
DINAMARCA, LA LEYENDA NÓRDICA
Reino de Dinamarca - HISTORIA

Dinamarca es un país multifacético. Aunque es muy difundida la imagen de un país bucólico con granjas y suaves paisajes ondulados, también el país se ha destacado en la investigación y ha sabido dar a sus habitantes un excelente nivel de vida. Desde hace años Dinamarca figura entre los primeros cinco países más felices del planeta y uno de los lugares más agradables para vivir. Amantes del bienestar, los daneses hacen honor a esta tradición disfrutando de las actividades sociales al aire libre y una manera especial de tratarse amablemente.

LA ANTIGÜEDAD

 

El retiro de los hielos luego de la última glaciación que terminó alrededor del 11.000 a. C permitió que algunas tribus nómadas de cazadores recolectores provenientes del centro de Europa ocuparan la región de la península de jutlandia, territorio donde se encuentra hoy el reino de Dinamarca. Las condiciones climáticas hostiles de ese período no daban lugar a una gran ocupación del territorio, pero hacia el 8.000 a.C, un incremento en las temperaturas hizo que la vegetación del tipo de tundra se retirara más al norte y que la diversidad forestal atrajera nuevas especies animales lo que mejoró las condiciones de los ocupantes de la región que probablemente no sumaban entonces más de 8.000 personas. Un incremento del nivel del mar cuatro mil años más tarde convirtió parte de la península en varias islas y el cambió en la alimentación, que pasó a componerse de pescados y mariscos más fáciles de obtener y más nutritivos, provocó una expansión de la población. Los primeros agricultores aparecieron hacia el 3.000 a.C, y de esa época datan varios hallazgos arqueológicos como instrumentos musicales, objetos religiosos y túmulos funerarios que aún hoy forman parte del paisaje del país. Las diferenciaciones sociales comenzaron a establecerse, lo que se puede ver por la diferencia de tamaño de algunas de las viviendas y sus tumbas y la agricultura se hizo más productiva con la introducción del arado. Hacia el 500 antes de Cristo, la extracción de hierro de las turberas que abundaban en la zona preparó a la región para la siguiente ola civilizatoria.

LA EDAD DE HIERRO Y LOS ROMANOS

 

No es mucha la información acerca del desarrollo de la historia de la península a partir del comienzo de la edad de hierro, aunque algunos hallazgos importantes arrojaron luz sobre los aspectos generales de la época. Los depósitos de turba preservaron a un grado tal algunos cuerpos, como el del hombre de Tollund o la mujer de Haraldskaer, que a partir del análisis de sus órganos fue posible establecer con más precisión su alimentación y estilo de vida. El Barco de Hjortspring, un navío del siglo V a.C desenterrado en 1922, tenía veintidós metros de eslora y podía llevar más de veinte guerreros. Los escudos y lanzas encontrados junto a él proporcionaron información acerca de las armas que utilizaban. Hacia el 100 a.C se produjeron los primeros contactos con el Imperio Romano, en parte por el agotamiento de las tierras y un gradual enfriamiento del clima, lo que forzó a los habitantes a desplazarse hacia el sur, encontrando las fronteras del Imperio. El encuentro con los romanos los impulsó a desarrollar el comercio, especialmente el ámbar que era buscado por los romanos y hacia el siglo II ya habían adaptado parte del alfabeto romano para crear el sistema de runas que luego se expandiría hacia el norte por escandinavia. Durante los siguientes seis siglos se produjo un lento desarrollo de la agricultura, el tamaño de las granjas creció y se empezaron a formar los primeros poblados. Es casi inexistente la información arqueológica disponible entre los siglos VI y VIII, pero se presume que en esos años algunos de los poblados fueron ganando poder y de allí saldrían los primeros líderes regionales.

 

 

 

LOS VIKINGOS

Hacia el año 700, la región de la actual Dinamarca estaba dividida en pequeños reinos. Los vikingos, pueblos guerreros del norte de Europa, se habían asentado en la península y desde allí emprendieron sus conquistas, llegando a las islas británicas y a Groenlandia e Islandia. En el siglo IX, uno de los reyes más poderosos, Godofredo I, fue el responsable de la construcción de la Danevirke, una muralla en el sur de la península para defender el territorio frente a los francos, en ese momento bajo el gobierno de la dinastía carolingia. Un siglo más tarde, Gorm el Viejo llegó al trono como Rey de Dinamarca y por primera vez fue sucedido por un hijo, Harald Dienteazul. Harald, quien fue coronado como rey en 958, también se hizo con el trono de Noruega en 970 y con su conversión al cristianismo dio un fuerte impulso a la unificación del país. El hijo de Harald, que fue rey con el nombre de Svend I, comenzó la conquista de Inglaterra acompañado de su hijo Canuto II, quien fue coronado rey de Inglaterra en 1016, de Dinamarca en 1018 y de Noruega diez años después, aunque solamente pudo mantener el poder en Inglaterra por pocos años. La Iglesia comenzó a ganar poder y tuvo una gran influencia en el desarrollo del gobierno cuando en el siglo XII se estableció el arzobispado de Lund, ciudad sueca que en ese momento estaba bajo el dominio danés. Durante los siguientes doscientos años, luego de un período de sangrientas disputas internas, el poder de la nobleza se fue consolidando, obligando al rey Eric V a suscribir un acuerdo llamado Haandfaestning, una primitiva constitución que definía sus obligaciones y que fue utilizado hasta el siglo XVII. Junto con una gran parte de Europa, Dinamarca sucumbió a la peste negra a mediados del siglo XIV, la muerte de miles de personas dejó poblados vacíos y al país sumergido en una crisis. A fines de ese siglo, la hija del rey Valdemar IV, Margarita I, desposó al rey de Noruega y Suecia, Haakon VI y estableció en 1397 la Unión de Kalmar, que unificó a los tres reinos. Suecia se separó un siglo y medio más tarde pero Noruega siguió bajo el dominio danés hasta 1814.

LA REFORMA

El cisma que se produjo en la Iglesia Católica cuando Martín Lutero clavó sus tesis en las puertas de la iglesia de Wittemberg condenando los manejos económicos de la jerarquía eclesiástica entre otras cosas y enfrentando así a la autoridad papal, tuvo amplias consecuencias políticas por toda Europa. En Dinamarca, al morir el rey Federico I, los nobles presionaron para elegir a su hijo Cristián III, quien profesaba el protestantismo, como rey. Esto fue resistido por los obispos católicos y algunos nobles que vieron peligrar sus derechos. Del lado de los católicos, el conde Cristóbal de Oldemburgo, con el apoyo de la Liga Hanseática y la ciudad de Lübeck se enfrentó a Cristián III en una sangrienta guerra civil que duró tres años y fue llamada la Guerra del Conde. El descontento de los pobladores que tenían que pagar un diezmo obligado a la Iglesia y la posibilidad de que gran parte de la riqueza de ésta pasara a manos del rey eventualmente ayudaron a la victoria de los protestantes. En 1536, Cristián III, luego de vencer, estableció mediante un decreto la adhesión de Dinamarca al protestantismo. Las iglesias católicas fueron confiscadas, se cerraron los monasterios y las propiedades del clero pasaron al rey y a la nobleza. Dinamarca se convirtió en uno de los bastiones más importantes del protestantismo en Europa y puso un freno a la expansión del catolicismo hacia el norte. Dinamarca comenzó a ganar prosperidad por su ubicación estratégica como lugar de paso del comercio entre los países del Mar del Norte y el centro de Europa, cobrando una tasa por el paso de mercancías, transformando al Reino Dano-Noruego en una potencia. Este poder, sumado a la ortodoxia protestante la obligaron en 1625 a intervenir en la Guerra de los Treinta Años bajo el mando del rey Cristián IV. La guerra terminó con Dinamarca derrotada al firmarse el Tratado de Lübeck. Bajo el reinado de Cristián IV y luego de su hijo Federico III, Dinamarca se embarcó en dos guerras con Suecia para ganar territorio y dominar la región que terminaron con la pérdida para Dinamarca de parte de su región oriental con la firma del Tratado de Copenhage. El rey Federico III convenció a la nobleza de la necesidad de un poder fuerte y concentró en sí todo el poder a cambio de beneficios impositivos para los nobles. Esto dio comienzo a la monarquía absolutista en el reino hacia 1670.

LA MONARQUÍA ABSOLUTISTA

Luego de la institución de la monarquía absolutista, Dinamarca se encontró nuevamente en guerra con Suecia por los territorios suecos meridionales de Escania. Aunque fue vencedora en el conflicto, no logró recuperarlos y luego de la firma del Tratado de Frederiksbord, el reino comenzó uno de los períodos más largos de su historia sin conflictos armados hasta la guerra con Inglaterra durante las guerras napoleónicas casi un siglo más tarde. Aunque el rey concentró cada vez más el gobierno, unificando las leyes locales en un código central conocido como el Código Danés de 1683, algunos individuos que no provenían de la nobleza comenzaron a ostentar un poder considerable en las administraciones locales. Durante el siglo XVIII, estos señores impusieron el sistema de adscripción, mediante el cual los hombres que trabajaban la tierra debían permanecer hasta los cuarenta años en el lugar de nacimiento y dar una considerable parte de su trabajo a los terratenientes en una esclavitud encubierta. Hacia el final del siglo XVIII, el movimiento de la Ilustración llegó a Dinamarca. La idea de la razón por sobre la fuerza y el poder que se desarrollaba en Europa y que conduciría también a la Revolución Francesa, comenzó a interesar a las clases medias danesas que empezaron a desear una mayor libertad, al mismo tiempo que desarrollaron un sentido de identidad nacional. Aunque esto fue resistido por la nobleza, durante los siguientes cincuenta años, varias reformas sociales tuvieron lugar. Entre ellas la abolición de la esclavitud, la enseñanza universal, el libre comercio y la libertad de prensa y de culto.

 

LAS GUERRAS NAPOLEÓNICAS Y EL SIGLO XIX

 Pese a haberse mantenido neutral en el comienzo de las guerras napoleónicas, Dinamarca fue atacada en 1801 por Inglaterra que temía que los franceses utilizaran la armada danesa en su contra y luego nuevamente en 1807, cuando la ciudad de Copenhague sufrió un terrible bombardeo. Las pérdidas económicas dejaron al estado en bancarrota y diversas presiones políticas ayudaron a que en 1814 Noruega ganara su independencia de Dinamarca. En 1849 el reino se transformó en una monarquía constitucional dejando atrás el absolutismo. Los condados de Schleswig y Holstein al sur de la península fueron objeto de disputa en la segunda mitad del siglo XIX. Luego de dos conflictos armados, el primero contra Prusia y Suecia y el segundo contra Austria y Prusia, el Tratado de Viena firmado en 1864 obligó a Dinamarca a ceder los condados que en la actualidad forman parte de Alemania. El proceso de industrialización del país que tuvo lugar a partir de 1850, llevó a la migración de una gran parte de la población rural a las ciudades. La construcción del ferrocarril y el desarrollo de industrias, pronto hizo que se organizaran los primeros sindicatos y en 1871, el socialista Louis Pio formó el primer partido laborista danés, el Partido Social Demócrata. La izquierda comenzó a ganar representatividad a pesar de la resistencia de las clases altas y en 1901 el rey Cristián IX cedió a las demandas permitiendo a Johan Henrik Deuntzer, del partido liberal de izquierda Venstre, formar gobierno.

 

EL SIGLO XX

 

 

Las reformas sociales se sucedieron, las mujeres pudieron votar a partir de 1915 y se sentaron las bases de la amplia red de seguridad social que tiene el país. Durante la Primera Guerra Mundial, aunque Dinamarca permaneció neutral, su comercio se vio afectado provocando una crisis económica que llevó a racionamientos y a la depresión. Cuando Alemania fue vencida, la nación danesa vio la posibilidad de volver a reclamar el condado alemán de Schleswig. Las pretensiones del rey eran mayores que las del gabinete de gobierno que solamente pretendía que las zonas de mayoría danesa del condado pasaran a manos danesas y eso desencadenó la crisis política de Semana Santa de 1920 que tuvo un impacto considerable en la evolución de la monarquía constitucional que vio limitada la influencia del monarca en el gobierno. Dinamarca volvió a mantener su neutralidad durante la Segunda Guerra pero esto no impidió que Alemania la invadiera. Al principio el gobierno alemán ocupó el país dejando en manos de los daneses la administración pero luego sus demandas fueron aumentando y esto llevó al gobierno danés a dimitir y a la formación de una resistencia armada al régimen nazi. Aunque el control del país era cada vez más difícil para los alemanes, mantuvieron la ocupación hasta prácticamente el final de la guerra. La resistencia danesa logró durante el conflicto hacer salir del país a casi la totalidad de la comunidad judía hacia Suecia que permanecía neutral, salvando así la vida de más de ocho mil personas. Luego de las guerras mundiales, Dinamarca fue uno de los miembros fundadores de las Naciones Unidas y luego de la Organización del Atlántico Norte. En 1952, junto con Islandia, Noruega, Suecia y Finlandia y sus territorios de ultramar conformó el Consejo Nórdico que promovió el libre tránsito y comercio entre los firmantes además de favorecer políticas conjuntas. El Consejo Nórdico perdió algo de relevancia con la formación de la Unión Europea, a la que Dinamarca pertenece aunque sin haber suscrito el Euro, la moneda común, manteniendo la corona danesa. La constante industrialización del país y su eficaz sistema de protección social han transformado al reino en uno de los países más prósperos de Europa. 

 

 

 

Dinamarca se convirtió en uno de los bastiones más importantes del protestantismo en Europa y puso un freno a la expansión del catolicismo hacia el norte.”