Nombre oficial
Reino de Bélgica
Gentilicio
Belga
Capital:
Bruselas
Idioma Oficial
Francés, Neerlandés, Alemán
Población
11.000.000 (est.2011)
Presidente
Rey Alberto II, Primer ministro: Elio Di Rupo
Prefijo Internacional
0032
Zona horaria
UTC+1
Moneda
Euro
Otros grandes Centros Urbanos
Amberes, Brujas, Lieja
Superficie
30.528 km2
Geografía y clima
El país tiene una región costera, una meseta central y una zona montañosa hacia el este. Su clima es templado marítimo con veranos frescos e inviernos cuya temperatura promedia los tres grados centígrados
Economía
Bélgica es una economía de mercado con un alto nivel de industrialización y agregado de valor a la importación de materias primas
Qué ropa usar
Ropa liviana en el verano, abrigos medios en el invierno y paraguas e impermeable dada la imprevisibilidad de lluvias
Tips
Fechas Nacionales: 21 de Julio y 11 de Noviembre
Sitios imprescindibles
El zoológico de Amberes, La Iglesia de Nuestra Señora de Brujas, La estación de trenes de alta velocidad de Lieja


 
 
HISTORIA
Reino de Bélgica:
BÉLGICA: LA UNIÓN DE LOS PUEBLOS
Reino de Bélgica - HISTORIA

Bélgica es uno de los países europeos más modernos, habiendo ganado su independencia hace menos de doscientos años. Su historia, sin embargo, data de antes del Imperio Romano. Una de sus más interesantes particularidades es la unión de tres grupos lingüísticos diversos, los francoparlantes, los que hablan alemán y los que lo hacen en neerlandés, lo que hace que en este pequeño territorio se de cita una gran riqueza cultural.

EL IMPERIO ROMANO

Cuando Julio César conquistó la Galia en el año 57 antes de Cristo, al norte se encontraba la tribu celta de los Belgas, probablemente desde antes del siglo IV a. C. Estando ya la región bajo el poder romano, Ambiorix, líder de los eburones, una de las tribus belgas, inició una resistencia contra los conquistadores en el 54 a. C. que fue brutalmente reprimida por Julio César. La batalla no fue fácil, pero eventualmente la tribu de Ambiorix no pudo hacer frente a las legiones romanas que contaban con más de cincuenta mil hombres. La derrota del jefe belga y lo sangriento de la contienda sirvieron de ejemplo para el resto de la Galia. Durante el reinado de Augusto, la Galia fue dividida en tres regiones y el territorio al norte del río Sena fue llamado en latín Gallia Belgica. Hacia el año veinte de nuestra era, luego de un intento de levantamiento contra los romanos, amplias zonas en el norte y en el este del territorio de la Gallia Belgica fueron separadas de la provincia romana y anexadas a las provincias de Germania Superior y Germania Inferior respectivamente. La reorganización de las fronteras de la provincia incluyó extender a la Gallia Belgica hacia el sur hasta incluir en su territorio la ciudad de Reims que se convirtió en su capital. Durante la dominación romana, hacia mediados del siglo III de nuestra era, la provincia sufrió invasiones de tribus germánicas que habían logrado penetrar las defensas de la provincia de Germania Superior, así como varias tribus bárbaras que saquearon periódicamente su territorio. Estas incursiones forzaron al emperador Marco Aurelio Probo a reforzar la presencia romana y volver a afirmar sus fronteras en el año 278. Durante los doscientos años siguientes la suerte de la provincia estuvo atada a la lenta caída del imperio, lo que debilitó sus defensas preparando el terreno para el dominio de los Francos.

LOS FRANCOS

El progresivo debilitamiento del Imperio Romano, que derivó en su caída en el año 476 bajo el reinado de Rómulo Augusto, quien fue depuesto por el bárbaro Odoacro, determinó que las fronteras al norte fueran debilitándose, permitiendo el ingreso de tribus bárbaras que entraron por las provincias germánicas del norte. Ya en el siglo IV, el emperador Juliano había concedido a los francos algunos territorios de la Gallia Belgica a cambio de que permanecieran en paz bajo el dominio romano. Hacia la mitad del siglo V, Childerico I, jefe franco que tal vez fuera hijo del legendario Meroveo, el mítico fundador de la dinastía merovingia y que nació en Tournai, se convirtió en jefe de los francos y reino sobre la provincia romana de Belgica Secunda y en el 481 su hijo, Clodoveo I quedó a cargo del reino gobernando desde Tournai y dedicando los siguientes años a extender las fronteras de reino merovingio. En el 508 se traslada a París y desde allí gobierna a todo el territorio franco, que entonces abarcaba desde la actual Alemania hasta llegar casi al Mediterráneo, incluyendo la mayor parte de Francia y Suiza y a Bélgica, Holanda y Luxemburgo. La conversión de Clodoveo I al cristianismo romano le consiguió el apoyo de la Iglesia y de la nobleza galo-romana y consolidó su posición para defender el reino frente a los bárbaros que presionaban desde el este de Europa. La naturaleza guerrera de los francos y cierta falta de organización institucional sumada a la división del territorio entre los herederos del rey hizo que durante los siguientes dos siglos el territorio franco sufriera divisiones y cambios. Hacia el finales del siglo VII, el poder ya no residía en el rey sino en su mayordomo de palacio. Uno de ellos, Carlos Martel logró hacerse con el poder y su hijo, Pipino el Breve destronó al último de los reyes merovingios, Childerico III, en el año 751 acabando con la dinastía. En el año 768, uno de los hijos de Pipino, Carlos, que será conocido luego como Carlomagno, asume el trono y consolida la dinastía carolingia. Carlomagno se dedicó a expandir las fronteras del Imperio Franco y fue coronado Emperador Augusto por el Papa León III, luego de su muerte fue sucedido por su hijo Ludovico Pío, pero al morir este, sus hijos no pudieron mantener unido el imperio y lo dividieron en tres firmando el tratado de Verdún en el año 843. El hijo mayor de Ludovico, Lotario I, retuvo el título de emperador y quedó gobernando la franja media del Imperio Caloringio, que incluía a Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos. La precariedad política de esta región hizo que un siglo más tarde comenzaran a fortalecerse pequeños gobiernos feudales como el Condado de Flandes o el Principado de Lieja, dando una forma nueva a la organización política de la región.

LA EDAD MEDIA

Luego de la muerte del hijo de Carlomagno, Ludovico Pío, la región de Lotaringia otorgada a su hijo mayor Lotario I ocupaba un extenso territorio que abarcaba Bélgica, los Países bajos y parte de Francia, Alemania e Italia. Al morir Lotario I sin herederos reconocidos, fue imposible mantener la unión territorial y Lotaringia se dividió en nuevas regiones que fueron ocupadas alternativamente por los distintos reinos circundantes. En la región flamenca, varias ciudades experimentaron un nuevo crecimiento y se establecieron como dominios feudales sin una unificación política bajo el imperio de un solo rey. Entre estos estados feudales se destacaron el Condado de Henao, el Ducado de Brabante, donde se localizaban las ciudades de Bruselas, Amberes y Lovaina, el Ducado de Limburgo, el Principado de Lieja que se mantuvo bajo el dominio del Imperio Romano Germánico hasta el siglo XVIII, y el Condado de Flandes, donde se encontraba la ciudad de Brujas. Este último fue una de las regiones de más desarrollo en la época feudal. El gran desarrollo de la industria de la lana en la zona le permitió entablar relación con Inglaterra así como la participación en el intercambio comercial de la Liga Hanseática cuyos lazos comerciales alcanzaban hasta Suecia, de esta manera comenzó para el condado un período de gran prosperidad. Durante los tres primeros siglos del segundo milenio, las uniones políticas, a menudo ligadas a lazos y herencias familiares, hicieron que las alianzas entre los diferentes estados feudales fueran cambiando aunque de todos modos la vida económica y social de la región se mantuvo sin mayores sobresaltos. Recién en el siglo XIII, el bienestar económico de la región flamenca despertó la ambición francesa. El rey de Francia, Felipe el Hermoso comenzó una campaña para apoderarse del condado de Flandes. Hacia 1300, Carlos de Valois había logrado doblegar a los flamencos pero éstos comenzaron a resistir. Uno de los momentos más álgidos se conoce como los Maitines de Brujas. En 1302, cuando Brujas tenía el monopolio de los derechos de importación de lana de Inglaterra y los franceses habían destinado una guarnición en la zona, un grupo de flamencos se sublevó masacrando por sorpresa a los soldados franceses. Pocos meses después en julio del mismo año, los flamencos lograron vencer a los franceses en la Batalla de Courtrai. Este triunfo es considerado como el nacimiento de la nación flamenca.

El DUCADO DE BORGOÑA

Luego de la Guerra de los Cien Años, el casamiento en 1369 de Margarita III, hija del Conde de Flandes con Felipe el Atrevido, Duque de Borgoña y cuarto hijo del Rey de Francia, Juan II, extendió el dominio del ducado hasta la región flamenca. La ciudad de Amberes comenzaba a desplazar a Brujas como centro comercial y los siguientes cien años conocieron una relativa estabilidad. El nacimiento de Carlos de Austria, hijo de Juana I de Castilla, en la ciudad belga de Gante en 1500 y su llegada al trono español veinte años más tarde significó que la región de Flandes pasara a ser parte de los dominios españoles. Los conflictos entre el pueblo y los gobernantes españoles, sumados a las crecientes diferencias religiosas entre calvinistas y católicos desembocaron en La Guerra de los Ochenta Años que enfrentó a gran parte del territorio flamenco con los españoles hasta que en 1648 fue firmada la paz de Westfalia. Siete de las provincias involucradas conformaron lo que hoy conocemos como los Países Bajos mientras que los Países Bajos del Sur, las zonas de Bélgica y Luxemburgo, permanecieron bajo el dominio español. Casi un siglo más tarde, la guerra de sucesión española luego de la muerte sin herederos de Carlos II de España culminaría con el tratado de Utretch por medio del cual los Países Bajos del Sur quedaron bajo dominio austriaco. En 1790, una sublevación que duro menos de un año creó los Estados Unidos de Bélgica con los que se aliaron los vencedores de un alzamiento el año anterior en el Principado de Lieja y aunque volvieron a quedar bajo el dominio de los Habsburgo, menos de medio siglo más tarde declararían la independencia. 

LA INDEPENDENCIA

Luego de la breve existencia de los Estados Unidos de Bélgica, a fines del siglo XVIII los países bajos pasaron a formar parte del imperio francés. En 1815, después de la derrota de Napoleón en Waterloo, los vencedores unificaron a los países bajos franceses con los holandeses y avalaron a Guillermo I como cabeza del Reino Unido de los Países Bajos. Las diferencias religiosas entre los protestantes de norte y los católicos del sur sumada a las peleas por la hegemonía económica de las partes hizo crecer la tensión y terminó en la revolución de 1830 cuando los belgas declaran su independencia. Las tropas de los Países Bajos abandonaron Bélgica y esto permitió la formación de un gobierno provisional y la elección de un congreso a finales del año. Casi diez años tardó la conformación de sus fronteras definitivas cuando Luxemburgo se constituyó como Gran Ducado y Limburgo se separó del principado de Lieja. La independencia belga fue reconocida por las potencias europeas en 1831 y Bélgica se organizó como una monarquía con el Rey Leopoldo I como cabeza. A finales del siglo XIX, durante la Conferencia de Berlín, cuando bajo el auspicio del canciller alemán Otto von Bismarck, las potencias europeas se reunieron para discutir los problemas que surgieron durante la colonización de África, al rey belga Leopoldo II le fue otorgado el dominio del Estado Libre del Congo. Durante la primera guerra mundial, cuando el país fue ocupado por los alemanes, el ejército colonial del Congo respondió atacando colonias alemanas en África. Al terminar la guerra, a Bélgica le fueron concedidos los territorios de Ruanda y Burundi. Poco más de dos décadas después los alemanes vuelven a ocupar Bélgica durante la Segunda Guerra. El rey Leopoldo III abdicó y los alemanes conformaron una gobierno administrativo del país que contó con un relativo apoyo de los belgas flamencos. Los valones francófonos en cambio organizaron una resistencia mayor al ejército de ocupación. Si bien desde finales del siglo XIX la igualdad lingüística entre el neerlandés y el francés estaba protegida por la ley, las tensiones seguían existiendo. En 1963 se divide el país en tres zonas según hablaran neerlandés, francés o alemán respectivamente. Este fue uno de los factores que impulsó la organización institucional del país para transformarla de un estado unitario a la actual federación. Durante la segunda mitad del siglo XX, Bélgica fue un actor principal en la organización político-militar de Europa luego de la Segunda Guerra como estado miembro fundador tanto de la OTAN como de la Comunidad Económica Europea. Con la creación de la Unión Europea en 1993, Bruselas fue designada como Capital y en la ciudad está una de las sedes del Parlamento Europeo.